Jorge Castillo y el arte de la emoción

El Museo cierra el año con una exposición de lujo del artista pontevedrés con mayor proyección internacional


«Reconozco a Pontevedra y a Galicia de manera instintiva como el lugar al que pertenezco, como mi origen, y estoy feliz de estar en mi tierra». Son palabras de Jorge Castillo, el artista pontevedrés de mayor proyección internacional, cuya obra será expuesta a partir de mañana en el Sexto Edificio. El Museo cierra el año con esta magna exposición de uno de los grandes de la pintura contemporánea, acontecimiento cultural que además coincidirá con la celebración del noventa aniversario de la institución museística.

A visión dunha obra propone un recorrido por la trayectoria de Jorge Castillo desde 1952 hasta la actualidad, con más de cien piezas en su mayor parte pictóricas y algunos dibujos. Una selección, que según explicó la comisaria de la muestra, Pilar Corredoira, «nos sitúan en los diferentes momentos del singular universo creativo del artista a lo largo de más de cincuenta años de actividad continuada».

Corredoira se refirió a Castillo como uno de los artistas más importantes surgidos en la Europa de la segunda mitad del siglo XX y de su etapa de los años sesenta destacó, particularmente, el Tríptico de Palomares, sobre la caída de la bomba nuclear americana en costa almeriense, una obra en 1968 fue seleccionada para participar en la Documental de Kassel (Alemania) -una de las exposiciones de arte contemporánea más importantes del mundo- cuando aquí aún no se conocía y no comenzó a sonar hasta principios de los ochenta con la participación en ella de Barceló. Además, este tríptico que se podrá ver ahora en el Museo de Pontevedra, nunca antes había sido expuesta en España.

Tercera muestra

Esta será la tercera vez que Jorge Castillo exhibirá su obra en su ciudad natal, siempre bajo el patrocinio de la Diputación y del Museo, según explicó el director de la entidad. Carlos Valle consideró todo un privilegio volver a contar con el artista y aseguró que él está también especialmente contento de poder exhibir aquí, como después corroboró.

Castillo dijo sentirse igual de satisfecho de todas sus etapas artísticas representadas en la exposición. «El artista pasa por diferentes etapas porque la persona cambia; es una forma de hacer el camino y aprender, y todas me aportan», señaló. Hay cuadros de todas las épocas. «De los años cincuenta, no hay muchas obras porque están muy repartidas en colecciones y a veces no es fácil llegar a ellas. De las que más hay es del 2000 en adelante porque además yo tenía interés en demostrar que no me había muerto, como pensaban algunos, y sigo vivo», bromeó.

«Mi trabajo ha sido siempre la búsqueda de la emoción», dijo a la hora de definir su propia obra. «Cuando me emociono necesito pintar y transmitir esa emoción», añadió.

Afirmó también que no se considera un pintor surrealista, ni manierista, ni barroco. «Pero detrás de mí tengo padres, madres y una gran familia desde la antigüedad hasta la época moderna. Tampoco soy picassiano, sin embargo admiro profundamente a Picasso, que fue como mi padre cuando vivía».

«Tengo un estilo propio, soy original, lo que puede ser un problema, y no pertenezco a ningún movimiento, pero me interesan todos, porque todos son importantes», concluyó. Según Carlos Valle, esa singularidad hace que su obra pueda identificada con seguridad por los especialistas en arte.

Jorge Castillo Casalderrey nació en Pontevedra en 1933 y emigró a Argentina con su familia cuando todavía era un bebé. Regresó a Madrid con 22 años y ha vivido y trabajado en París, Berlín, Nueva York, Ginebra, entre otras ciudades, que contribuyeron a reforzar la personalidad de su obra, presente en todos los grandes museos del mundo y estudiada por los más destacados historiadores del arte.

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