A Lanzada, la leyenda mecida por el mar

El baño de las 9 olas rememora un rito ancestral de fertilidad en la playa más mágica de la ría


sanxenxo / la voz

Mucho antes de que se descubriese la fecundidad in vitro y siglos antes de que se soñase siquiera con el ADN, la playa de A Lanzada era la referencia gallega para que las mujeres estériles lograsen quedarse embarazadas. En tres fechas del año -el 21 de junio, la noche de san Xoán y la madrugada de la fiesta de la Virgen de esta ermita- las mujeres que deseaban tener un hijo y no lo lograban, por la razón que fuese, se adentraban en el mar y dejaban que sus olas pasasen nueve veces por encima de su vientre. La leyenda dice que el poder benéfico de las ondas del mar provocaría que el deseo de las peticionarias se cumpliese y tuviesen ese bebé por el que se habían encomendado al poder del océano. Esta es la leyenda que se rememora este fin de semana en la playa junto a la ermita, en uno de los rincones más legendarios, mágicos y famosos de toda Galicia, porque, ¿a quién no le gusta dejarse llevar por la imaginación?

Nadie sabe cuándo comenzó a asociarse este enclave de la costa sanxenxina con los ritos de fertilidad. No hay documentación escrita que la ampare, pero la memoria de estas ceremonias, dignas de aparecer en un reportaje del National Geographic como uno de los símbolos más representativos de la Galicia magica, se hunde en la noche de los tiempos. Podría tratarse de un antiguo rito pagano, transformado y adaptado durante la cristianización. O bien podría ser consecuencia de la religiosidad popular de siglos no tan lejanos y que acabase gozando del visto bueno, o al menos de la tolerancia de la autoridad religiosa de turno. Al hablar de A Lanzada, todo, historia y mito, se funden en una simbiosis, como el sol de agosto en las uvas del Albariño de los viñedos de O Salnés.

A Lanzada estuvo poblada siglos antes de la llegada de los romanos a Gallaecia. Cuando todavía los griegos estaban descubriendo el Mediterráneo y Homero componía la Ilíada y la Odisea, navegantes procedentes del sur de España, posiblemente vinculados con la cultura púnica -colonias cartaginesas o fenicias de Andalucía- remontaron el Atlántico en búsqueda del estaño, material precioso como el oro para las civilizaciones antiguas.

Los arqueólogos han encontrado pruebas de la actividad minera o de una incipiente industria transformadora de mineral en la costa sanxenxina. Además, este enclave pronto se relevó como un punto esencial para arrancar sus tesoros, esta vez al mar, en forma de ánforas llenas de pescado en salazón. En A Lanzada ha aparecido la primera industria de la salazón encontrada en Galicia y que data de antes de la época romana.

En la playa se alza, paralelo al pequeño istmo donde se yergue la ermita, un islote entregado en la actualidad a los tojos y a las zarzas. Sin embargo, este área oculta, celosamente, un yacimiento arqueológico más antiguo que los poblados de épocas sucesivas excavados en el acceso a la ermita y la torre. Arqueólogos como Rafael Rodríguez, director de la campaña del 206-2017 de la Diputación, explica que en ese islote hay indicios de un poblamiento de la Edad de Hierro mucho más antiguo. ¿Qué esconde? Solo la pala del especialista podrá desentrañar este secreto en años venideros.

Mientras tanto, las leyendas se siguen acumulando en A Lanzada. De aquí decía la sabiduría popular que salía en procesión la Santa Compaña, que viajaba, como si se tratase de los primeros turistas, hasta Ons, en su plañidera y pálida procesión de espíritus.

En A Lanzada, entre lusco y fusco, como dice la expresión gallega, cuando el sol se hunde en el horizonte, se siente la belleza de ese mar que fue el finisterre europeo, y quizás también por eso, el eje de su atractivo simbólico en la cultura tradicional gallega.

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