Paula Cores se acercó a la meditación para sentirse mejor; descubrió que ahí estaba también su vocación laboral
11 abr 2017 . Actualizado a las 05:00 h.La cita con Paula Cores, pontevedresa y profesora de artes taoístas, estaba prevista ayer a las doce en punto en la Illa das Esculturas, con la intención de hablar con el sol bajo las cabezas y respirar aire fresco. Solo unos minutos antes, cuando las campanadas del mediodía ya estaban a punto de sonar, el estrés se imponía. No en vano, los coches, como de costumbre, abarrotaban los cinturones viarios pontevedreses y parecía imposible llegar a tiempo a la entrevista con esta mujer. La suma de las prisas y el calor de una Semana Santa empeñada en ser verano obligaban a ponerle al día el adjetivo de agobiante. Hasta que apareció Paula en escena. Tal cual. Algo tiene ella que casi, casi es como si parase el tiempo... Quizás sea su sonrisa tranquila. A lo mejor son sus palabras parsimoniosas. Igual sus silencios nada incómodos. Pero imprime calma a la charla desde el minuto cero. Se ríe cuando uno se lo dice, e indica: «A veces también soy nerviosa. Pero sí, digamos que aprendí a tomarme las cosas con calma».
La entrevista se hace finalmente, por culpa del sol abrasador, al amparo de la cafetería de una de las facultades de A Xunqueira. Paula pide manzanilla con su natural sosiego. Y se deja preguntar. ¿Qué la acercó a Oriente, a todas esas artes taoístas que practica y enseña... y qué es todo eso que ella hace? Se ríe. Respira. Y dice: «Digamos que todo lo que hago está dirigido a tres cosas. A cuidar el cuerpo, la mente y el espíritu. Y lograr que mis alumnos hagan lo mismo». Ella debe percibir la cara de perplejo de la entrevistadora. Así que se apura a decir: «Pero todo se hace de una forma muy natural. Somos, ante todo, personas normales.. ni visto cosas raras para practicar, aunque podría hacerlo si me apeteciese, ni me rodeo de áureas misteriosas y extrañas. Es todo natural». Luego, aunque no se explaya, da algunas pistas de cómo llegó hasta el taoísmo.
Necesidad de sentirse mejor
Paula, que estudió el bachiller en Monte Porreiro, donde ahora vive, optó por estudiar Ciencias Políticas. No sabe muy bien qué le llevó a escoger esa carrera. La hizo en Santiago, una ciudad que nunca acabó de gustarle, y, cuando terminó, pensó primero en preparar oposiciones. Encadenó algunos trabajos esporádicos. Y empezó a tener la necesidad de sentirse mejor. Probó alguna técnica de meditación que no le convenció. Así que se volvió autodidacta en ese campo. Cuenta que le iba bien, que estaba aprendiendo a conocerse. Pero necesitaba más. Encontró lo que buscaba en la asociación española Yuan Tao Pai ubicada en Monte Porreiro. Dice que ahí se dio cuenta de que se podía meditar «con naturalidad». Y que artes como el taichí o el chi-kung le podían ayudar a ser más consciente de su presente, a tomar mejor sus decisiones y a hacer bueno eso de
mens sana in corpore sano
. A sentirse mejor.
Pasaron ya doce años desde entonces. Paula se formó en todas estas artes orientales y tradicionales, desde dar masajes energéticos a la meditación y la alquimia taoísta, y se convirtió en profesora de estas disciplinas. «Hay quien me dice que tengo suerte, porque me cuido a mí misma, mi cuerpo y mi mente, y a la vez tengo un trabajo. Y la verdad es que sí que es así», señala con su templanza característica. Dice que quien se acerca a sus clases, bien a las que da en la escuela de Monte Porreiro bien en las que imparte en distintas asociaciones de vecinos, en programas como Noites Abertas o en el ámbito particular, lo hace, sobre todo, porque quiere sentirse mejor. Ella no promete curas mágicas. Advierte de que practica las vertientes laicas de las artes taoístas y que el único milagro para mejorar es practicar. Lo compara con una enseñanza musical.
Ella practica entre dos y tres horas al día más las clases que imparta en cada jornada. Confiesa que a veces el estrés, como le pasa a la mayoría de la humanidad, logra colarse en su existencia, pero el taoísmo le ofrece herramientas para dejarlo arrinconado y fuera de combate. Reconoce que no siempre puede vivir de enseñar taichí, chi-kung y todas esas técnicas tradicionales chinas. Compagina este trabajo con ocupaciones temporales que le llegan a través de una ETT. No se agobia por el futuro. Dice que está demasiado ocupada en vivir. En el hoy. Uno no puede dejar de preguntarle si se divierte, si es feliz. A lo primero, contesta con sonrisa y contundencia: «¿Que si mi divierto? Pues claro que sí, si no lo dejaría». Sobre lo segundo, dice: «¿Feliz? Sí. Pero con los pies en la tierra».
Estudió Ciencias Políticas pero acabó encaminando su vida laboral a las artes taoístas
Da clases de disciplinas como taichí y chi-kung y practica entre dos y tres horas cada día