De Marín a Madrid a por la gloria

Aleixandre Méndez
Aleixandre Méndez PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

El taekuondista marinense Pablo Fernández logró el sábado el título nacional absoluto un año después de irse a la residencia Blume

22 feb 2017 . Actualizado a las 08:25 h.

El último año de la vida de Pablo Fernández (Marín, 1996) es un ejemplo de una historia de éxito de un deportista que lo dejó todo para perseguir un sueño. Este marinense de 20 años y metro noventa de altura decidió aceptar el reto de abandonar su casa para irse a Madrid a seguir creciendo como taekuondista. Y el título de campeón de España absoluto en la categoría de peso pesado que logró el pasado sábado en San Sebastián de los Reyes no ha hecho otra cosa que darle la razón. Ahora, Pablo sueña con brillar en el próximo mundial que se disputará en junio en Corea. Y aunque sus palabras siempre transmiten la máxima humildad, también dejan entrever una convicción y un espíritu de superación que hacen presagiar que pocos retos se le resistirán a este peso pesado de oro.

Estos días, Pablo cumple su primer aniversario viviendo en Madrid, aunque recuerda como si fuese ayer el día en que se le presentó la oportunidad de ir a la prestigiosa residencia Blume. «El año pasado me ofrecieron la posibilidad de venir a entrenar con el grupo de alto rendimiento de la Federación Española y no me lo pensé -desvela-. Y lo cierto es que me está yendo todo muy bien: la mejoría es grande porque el grupo es muy bueno, muy fuerte, y las condiciones e instalaciones son las mejores», agrega.

Con varios títulos de campeón de España en su palmarés entre las categorías júnior, sub-21 y en campeonatos universitarios, el del sábado fue su triunfo título en categoría absoluta en un nacional de selecciones autonómicas, logrando el único oro gallego. En todo caso, no puede decirse que haya sido una sorpresa, puesto que meses antes ya logró el título en el nacional de clubes. Y todo ello con la dificultad añadida de haber cambiado de categoría. Una decisión que, a la vista de los resultados, se antoja más que acertada. «He cambiado de peso este año para intentar clasificarme para el Mundial, ya que antes competía en menos de 80 kilos. Así que soy un peso pesado pequeño, doy el peso muy justo», explica el marinense.

Para justificar el salto de calidad que ha dado en el último año, Pablo insiste en señalar como decisivo su cambio de aires. «Aquí entrenamos muy duro, con un grupo muy fuerte y eso se está reflejando en los resultados». Aunque, a la vez, demuestra no olvidarse de quienes le vieron crecer en su Marín natal. No en vano, además, de su oro, otros dos compañeros del gimnasio Mat’s de Marín dirigido por Ángel Torres, como Iván García y Katia Calvar, se colgaron la plata y el bronce, respectivamente, en el último nacional. «Es cierto que estamos logrando buenos resultados y creo que se debe a que Ángel lo está llevando muy bien, y cuando hay buen nivel, todo el mundo sale beneficiado», defiende.

El Mundial, su próximo reto

Asentado ya en lo más alto del ránking nacional en su peso, disputar el próximo mundial se presenta como el siguiente objetivo en el horizonte. «Ahora mismo estoy de número 1 con cierta ventaja, aunque todavía quedan muchos puntos en juego, por lo que tendré que trabajar mucho para conseguirlo», asegura. Aunque, antes de esto, Pablo se marca otros retos. Y parece tenerlos claros. «Ahora me marco como objetivo hacerlo bien en los próximos torneos Open internacionales para ir subiendo en el ránking internacional. Si lograse entrar entre los 32 primeros me clasificaría para el Gran Prix, aunque quizá sea un objetivo más a medio o largo plazo». En caso de lograrlo, el último escalón serían los Juegos Olímpicos, aunque el hecho de que todavía resten más de tres años para los próximos hace que aparque momentáneamente este sueño. «De momento, hoy por hoy, Tokio lo veo un poco lejos y complicado», admite.

Lo que parece tener claro es que su futuro a corto y medio plazo está en Madrid, donde afirma estar disfrutando en esta nueva etapa de su vida. «Desde que vine he tenido la suerte de que con mis compañeros de taekuondo formamos un grupo muy unido, y eso ayuda a que la convivencia sea más llevadera -desvela-. Claro que echo de menos a mi familia, pero aquí estoy muy contento y la valoración general es positiva», finaliza.