«O pique entre bandas existe pero é anecdótico»

Alicia manso, P. V. LALÍN / LA VOZ

PONTEVEDRA

A. M.

Aseguran que salir a tocar no es una cuestión económica, es como pasar un día con los amigos

08 ago 2016 . Actualizado a las 08:12 h.

Formar parte de una banda de música significa trabajar sin descanso durante los meses de verano. De eso saben centenaras de ellos en Deza-Tabeiros y en toda la provincia, donde proliferan como setas. A la hora de organizar fiestas, romerías y procesiones, las bandas tienen un papel imprescindible en cualquier festejo que se precie y los músicos adquieren el papel de protagonistas. Ir a tocar los fines de semana a pueblos es un trabajo que se ha convertido ya en parte de su rutina y no lo consideran para nada algo laborioso. «No se hace por el tema económico, ir a tocar es como ir a pasar un día con tus amigos», señala Germán Agulló, integrante de la Banda Municipal de Silleda y además profesor de música en el Conservatorio de Arzúa. Santiago Gómez, que comparte currículo con Germán, y además se integra en la Banda Municipal de A Estrada, así lo ratifica: «Estás cos teus colegas, hai moi bo ambiente, tómaste algo e botas unhas risas» y es que al pasar tantas horas juntos durante los ensayos y conciertos, estas integraciones se transforman en una gran pandilla.

Muchos de los músicos pertenecen a las bandas desde pequeños y no pueden evitar acuñar a estos grupos con el nombre de «familia». Santiago, lleva ya 22 años al frente de su trompeta, «toda unha vida» como dice él. Germán, en cambio, llegó a Silleda desde Alicante hace tres, su hermano, Rafael Agulló, es el director de la Banda de Música de Silleda y de la de Pontevedra. Los dos hermanos empezaron desde pequeños a formarse en el mundo de la música, un gusto que les viene de familia ya que su padre se dedicaba también a la percusión. Alicante, de donde proceden, es una tierra muy ligada también a la música. «La diferencia entre las bandas de aquí y las de Alicante es poca, -salvando las diferencias económicas- allí también hay mucha tradición. Cuando llegué aquí casi no había niños, ahora tienen otro aire e incluso han nacido bandas nuevas», dice Germán.

Santiago tiene claro quién es el culpable de la llegada de niños a la Escuela de Música de Silleda y de por qué funciona tan bien. «Cando fas as cousas con tanta dedicación ninguén te pode recriminar nada, cando Rafael -refiriéndose al director de la Banda de Silleda- chegou había trinta alumnos e agora hai cento cincuenta, iso non se pode achacar solo a que exista unha cultura musical, Rafael pedagoxicamente sabe chegar a todos os nenos».

Para el director solo tienen buenas palabras tanto a nivel personal como profesional.

La relación entre banda y conservatorio en la zona es muy estrecha por lo que las bandas los utilizan como cantera de músicos. Por eso muchos niños comienzan en el conservatorio y al alcanzar el nivel necesario pasan directamente a formar parte de la Banda. Los alumnos de las Escuelas de Música desembocan también en su mayoría en estas integraciones que se convierten en una gran familia musical con vínculos afectivos muy estrechos, una «masonería» comentan entre risas. «Tú a un niño que desde pequeño se sienta de la banda le puedes decir: mira, esta fiesta no vas a cobrar ochenta euros, vas a cobrar cuarenta y el resto se queda para fondos de la banda, para invertir en viajes o en nueva instrumentación. Ellos lo entienden, nadie va a trabajar pensando en el beneficio propio, se piensa en el beneficio del conjunto», apunta Germán.

Respecto a si existe o no pique entre las distintas bandas, Santiago se ríe: «Hai moito menos que antes, algunhas teñen máis afinidades con outras pero a rivalidade sempre é anecdótica. Os músicos entre eles son amigos, un doutra banda pode ser incluso o padriño do teu fillo».

Lo que está claro es que los músicos son felices trabajando, y con esas ganas seguirán haciendo música mucho más tiempo.

Santiago lleva 22 años al frente de su trompeta: «Toda unha vida», precisa

Germán destaca el buen ambiente: «Tómaste algo e botas unhas risas»

«Antes facíanse sobre cincuenta e catro festas no ano, agora nin catro bandas xuntas»

En estos momentos en los que las comisiones de fiestas cuentan con un presupuesto mucho menor que en años anteriores, las bandas de música son las primeras damnificadas. Antes, Santiago recuerda tocar en las fiestas hasta las cuatro de la mañana. En vez de alternar dos orquestas durante la noche, como se hace habitualmente, tocaban dos bandas con mucha tradición y caché. Ahora, actúan en menos fiestas porque traer a una banda cuesta incluso más que una orquesta o un dúo. Además a la gente joven no les gusta tanto, explican.

Si las comisiones cuentan con muy poco presupuesto y se tienen que decantar por una orquesta o una banda, lo harán por la primera. Eso sí, siempre hay excepción de algunas localidades en las que las fiestas están muy ligadas a la música de banda.

«Entendo as dúas partes, se son dunha comisión e véxome tolo para conseguir cartos e unha banda ven a tocar solo pola mañá polo prezo dunha orquestra que toca todo o día... o problema é que esas orquestras moven a cinco ou seis persoas, nos movemos corenta ou cincuenta». Desde hace cuatro o cinco años ambos coinciden en que van a tocar a muchos menos sitios. «Eu recordo facer daquelas, sobre setecentas, oitocentas mil pelas en festas. Facíanse sobre cincuenta e catro festas ao ano, agora iso non o fan nin catro bandas xuntas», dice Santiago.

Si poco a poco se pierde la tradición de ir a amenizar las fiestas de los pueblos, ambos tienen claro que es culpa de la economía,