Seis mil valientes comensales devoran los callos de Meis

Serxio González Souto
s. gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

PONTEVEDRA

óscar vífer

La primera cita del buen comer en Arousa goza de un público fiel, dispuesto a desafiar el calor y lo que le echen

11 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Campo da Feira. Domingo, 10 de julio del 2016. Aunque las nubes proporcionan un respiro, bajo la carpa instalada en el corazón de Meis los 25 grados de temperatura ambiente son sofocantes. José Luis Pérez Estévez, el regidor, hace acto de presencia al frente de una comitiva institucional en la que sobresale el responsable de Turismo de la Diputación, el socialista Santos Héctor.

-¿Como vai a cousa, alcalde?

-Se a festa vai ben, o alcalde sempre está contento.

-Aquí hai xente todos os anos, chova, vente ou faga sol.

-Dende logo. Iso sempre. Os callos son os callos.

Los callos son los callos y los centenares de comensales que se disponen en las largas mesas de madera son unos valientes, dispuestos a desafiar sin pestañear la canícula imperante a base de una poderosa receta tradicional: 650 kilogramos de garbanzos, 300 de ternera, chorizo y pata de cerdo han sido cocinados durante horas. Esto es Meis y esta es la Festa dos Callos de Mosteiro. La cita que abre el fuego gastronómico del verano en Arousa y nunca falla. Quien escribe se ha sumado al público bajo todas las circunstancias meteorológicas imaginables. Desde el orballo que ayer amenazaba con extenderse desde O Grove pero acabó diluyéndose hasta los 38 grados de calor, sol y justicia vigentes hace un par de ediciones. Sea como fuere, nadie se echa atrás. Los callos también son para el verano. La organización ha preparado seis mil raciones. No todas se comen aquí. A las dos y media se han despachado casi dos mil boletos para degustar bajo la carpa este plato valiente y gustoso. Los seis euros que cuesta cada tique dan derecho a una cazuela repleta, un pedazo de pan y una taza que rellenar con medio litro de fresquísimo tinto del país, que sin duda constituye uno de los grandes aciertos de esta fiesta. Pero no falta quien se provea de perolas y táperes propios. Cada ración cuesta entonces cinco euros. Los callos de take away, para llevar, no se acompañan de vino, ni taza, ni cazoleta, pero no requieren hacer cola, tienen su propio lugar de despacho y eso, amigos, es una enorme ventaja.

-Señora, ¿cantas racións caben nesa cazola tan grande?

-Catorce. ¡Pero tranquilo que os que reservamos podemos repetir!

Jamás lo hubiese puesto en duda. Y además tortilla, mejillones, pulpo... Lleva razón el alcalde. Los callos son los callos.