La plaza de abastos de A Illa triunfa como escenario en el cierre del Atlantic Fest
04 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Los responsables del Atlantic Fest se empeñaron en llevar la música hasta el último rincón de A Illa. Y demostraron con ello que hay espacios que pueden convertirse en un escenario perfecto. Sucedió esto con la plaza de abastos de la localidad, que ayer por la mañana recibió una inusual afluencia de público. No iba este a comprar pescado, aunque curiosamente sí a comer mejillones. Iba a disfrutar del concierto de Best Boy, uno de los cuatro últimos de la edición de este año. La experiencia fue todo un éxito y aunque el cantante al principio anunció que iba «a tener que combatir con el eco» la acústica fue impecable y el recinto se llenó de gente que, en su tercera jornada de fiesta, seguía con ganas de seguir bailando.
En todas las plazas de abastos huele a pescado. Da igual lo limpias que sean o la de veces que se frieguen. Incluso cuando llevan unos días cerradas guardan ese aroma típico de los productos que venden. En la de A Illa, no. La única prueba de que allí se comercializan a diario productos del mar eran las bancadas de las vendedoras, ayer desiertas y también impolutas, y los carteles de los distintos puestos. Hasta el suelo parecía tan inmaculado que muchos no dudaron en sentarse en él.
A esta peculiar sala de conciertos el público fue llegando poco a poco, como si ya costase levantarse tras dos días de fiesta. Los músicos se instalaron al fondo, a ras de suelo. Y los asistentes tomaron posiciones. Hubo quien prefirió sentarse en el suelo, por eso de descansar un poco. Pero también quien se colocó estratégicamente al lado de las bancadas. A estas les tocó ejercer de mesas en las que apoyar las cervecitas o los platos de mejillones que, por cierto, demostraron sus cualidades para ayudar a reponer fuerzas. Se sirvieron por decenas mientras Best Boy se iba metiendo al público en el bolsillo con los temas de su último trabajo. Poco a poco, el concierto fue cobrando intensidad, mientras los presentes iban recuperando las ganas de bailar. Había muchas familias y algunos de los asistentes no tenían más que meses de vida. En los brazos de sus madres, disfrutaron también al son de la música.
«La verdad es que esto es muy original», explicaba Paula que vino al festival desde Vigo, en referencia al local de conciertos. «Es estupendo que se utilicen estos espacios. Queda mejor que los bares, que al final no ves ni oyes bien», añadió Beatriz, llegada desde Santiago. Destacó también la estampa que ofrecía el recinto, «es muy de A Illa, con los mejillones por ahí». Media hora después de comenzar, el recinto comenzaba a quedarse pequeño para los asistentes. Todos querían ir a la plaza a escuchar música. Y a comer mejillones.