«Nos enseñan a ver, oler, palpar y degustar, pero no a escuchar»

carmen garcía de burgos PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

MARCOS MÍGUEZ

«A sinfonía das fábulas» unirá esta tarde, a las 18.30 en el Principal, música clásica, cuentos e ilustraciones

14 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Rafael Agulló (Alicante, 1982) admite que el de hoy es un concierto especial para él por su vocación pedagógica.

-¿Se toca de una forma distinta cuando se trata de música infantil para público infantil?

-La forma de tocar es exactamente la misma, sí cambia la ilusión y la forma de prepararlo, porque es para un público que, aún haciéndolo muy mal, es tremendísimamente agradecido con lo que le vas a dar. Y no es que se trate de música infantil, es música escrita, como la propia escritora de la obra reseña en el programa. Es música de la vieja escuela, culta, con mayúsculas, pero pasada a través del filtro que hace que todo nos suene descriptivo y al mismo tiempo cinematográfico de lo que está ocurriendo con la música.

-¿No son más exigentes los espectadores más pequeños?

-No, por lo menos según mi experiencia. Y yo soy igual de exigente con un repertorio que con otro. Es cierto que un público infantil tiene unas características y el adulto otras, pero el nivel de exigencia a la hora de preparar las piezas es el mismo.

-Cuentos, ilustraciones, concierto... Esto de coordinar las tres disciplinas, ¿es porque es imposible entretener a un niño solo con música clásica?

-No es imposible, sobre todo si hay una pequeña preparación anterior. De todas maneras, es mucho más fácil el hecho de emplear la palabra y la imagen, simplemente por la educación que recibimos desde pequeñitos, no por otra cosa. Me viene a la mente una de las disertaciones que hacía el grandísimo pianista Daniel Barenboim. Tenemos una muy mala educación de los sentidos desde pequeñitos. Nos enseñan a ver, a oler, a palpar, a degustar, pero no con la misma intensidad a escuchar. Y ponía un ejemplo muy clarificador, y es que cuando llegamos a un paso de peatones no cerramos los ojos y nos dedicamos a escuchar si viene un coche u otro, sino que nos limitamos a mirar a izquierda y a derecha. Por lo tanto, si el objetivo del concierto es hacer llegar la música a través de elementos divertidos, como en este caso son los animales o los bichos -la temática del Salón do Libro-, es mucho más fácil hacerlo como la compositora de la sinfonía propone: intentando, a través de la sinfonía, hacer lo que un niño de pequeño hace acostado en la cama con la ayuda de su padre, y es que le cuenten la historia, y al mismo tiempo puede acompañarse de esas imágenes que acompañan la narración. En este caso, con el plus de la música.

-¿Llevó mucho prepararlo?

-Lleva mucho más trabajo que solo el ensayo, porque tiene muchos condicionantes: por una parte, el trabajo que hemos realizado Raquel Queizás y yo para adaptar la sinfonía a lo que pretendíamos; por otra, el que Itziar y yo hemos hecho para hacer cuadrar cada una de las secuencias musicales con la escena que la compositora pretendía retratar. Son muchos trabajos al mismo tiempo.