La mujer de los horizontes lejanos

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Bibiana Álvarez en el «Cornide de Saavedra», un barco del Instituto Oceanográfico con el que hizo «días de mar» como alumna de máquinas.
Bibiana Álvarez en el «Cornide de Saavedra», un barco del Instituto Oceanográfico con el que hizo «días de mar» como alumna de máquinas.

Bibiana Álvarez ha cruzado siete veces el Atlántico para llevar embarcaciones de recreo hasta el Caribe

19 ene 2016 . Actualizado a las 08:15 h.

Tiene ese tono bronceado de quien se pasa la vida en el mar, esa sonrisa que esboza quien está a gusto en su propia piel, esa mirada que lanzan quienes no se cansan, nunca, de buscar nuevos horizontes. Como ven, Bibiana Álvarez tiene todos los síntomas de ser una persona feliz. «Lo soy, la verdad. Mi gran afición se ha convertido en mi trabajo, y eso es increíble», confiesa. Y, a partir de ahí hablamos del mar, ese lugar infinito en el que ella construye, día a día, su vida y la de su empresa, una firma especializada en todo tipo de servicios náuticos.

Bibiana nació en Santiago. Pero a ella y a su hermano Manuel, el viento siempre los empujó hacia la costa. «Llegué al mar por los campamentos de la Xunta. Siempre entraba en los náuticos, así que aprendí a navegar en As Sinas, en Area, en Gandarío». Luego el destino empezó a atar cabos. La familia de Bibiana se trasladó a Arousa por cuestiones de trabajo. Ella dejó de ser una alumna aventajada de los campamentos de verano para convertirse en monitora primero. Para estudiar Educación Física en A Coruña y sacarse la maestría en vela, después. Y para proseguir su formación como patrona de altura y mecánica naval mayor.

A lo largo de los años, Bibiana ha estado a bordo de todo tipo de barcos. En mercantes de esos que llegan a puerto cargados de contenedores, en oceanográficos del IEO, en remolcadores, en veleros... Estos últimos son los que más le gustan, porque «me permite vivir un poquito más cerca del mar, no es como estar en una oficina flotante», explica.

Fue esa necesidad de contacto permanente con el mundo que la rodea la que la empujó a alumbrar Alvamar, una empresa con base en Vilagarcía. Con ella, organiza rutas por las Illas Atlánticas, remonta el Ulla cual vikingos, sigue formando a futuros navegantes en los campamentos de la Xunta y da clases a futuros patrones de recreo. Con ella, también, hace traslados de barcos de puerto a puerto. Y no se crean que son viajes largos: hasta en siete ocasiones son carreras de fondo que, ya en siete ocasiones, la han llevado a cruzar el Atlántico.

Su última aventura oceánica ocurrió en Navidad. «Hicimos un traslado de Denia a Tórtola BVI, al lado de Puerto Rico», cuenta como si tal cosa. De esas aventuras, se queda con la experiencia de «navegar entre ballenas, delfines y calderones, ver como juegan con el barco. Y con los diferentes tipos de cielo, de puestas de sol, de amaneceres y de estrellas». Reconoce la dureza de unas experiencias que suponen «un reciclaje continuo. El mar es una caja de sorpresas, siempre te exige el cien por cien, y tu capacidad para resolver un problema va a depender mucho de la experiencia que tengas. Cuanto más tiempo hayas navegado, más bagaje vas a tener para solucionar una situación complicada».

Ha recorrido mucho mundo. Ha hecho windsurf en Hawai y ha dirigido un barco de Océana por el Pacífico. Pero siempre vuelve a Arousa, porque es justo aquí, en esta ría gallega, donde quiere estar. «Es donde más disfruto. Cuando voy a navegar al Mediterráneo tengo la sensación de que todos los puertos son iguales. Aquí no es así. Aquí los puertos te permiten convivir con otro tipo de mar, tienen una esencia especial. Igual no tienen todos los servicios ni todas las comodidades, pero puedes mezclarte con los marineros, con los mariscadores, con los jubilados que te cuentan sus aventuras. Es muy enriquecedor», relata. Sus ojos, que han visto tantas cosas, agradecen «el cambio de estaciones que tenemos aquí. Me imagino todo el año en el Caribe, con buen tiempo... Y no. Me gusta que llueva, me gusta el verde».

Claro que su trabajo no solo es navegar. Llevar una empresa exige reuniones, planificación de horarios y rutas, promoción... Y por eso los viajes que realiza por los horizontes más lejanos, sea cambiando un barco de sitio, sea colaborando con alguna oenegé, le permiten «tomar un poco de aire para volver a afrontar la rutina de la empresa».

No le pidan a Bibiana Álvarez que les diga cuántas millas marinas ha recorrido a lo largo de su vida. «¿Cuarenta y cinco, cincuenta mil millas...? No lo sé», sentencia. A fin de cuentas, para ella navegar no es cuestión de batir marcas, de pulverizar récords, si no de vivir. Y de aprender a vivir. Y de enseñar a vivir. Porque esa es otra de las pasiones de esta mujer: enseñar a los más jóvenes a respetar la naturaleza, a valorar los recursos, a apreciar las puestas de sol y a perseguir todos los horizontes que quieran.

Bibiana Álvarez Seoane se subió a su primer barco en un campamento de la Xunta y ahora, convertida en patrona de altura con mando, ha hecho del mar su vida

Tras pasar por todo tipo de barcos -desde mercantes hasta remolcadores- ha montado una empresa de turismo náutico y hace traslados transoceánicos