Las aves metálicas de O Grove están gafadas. De las 17 iniciales solo quedan tres, la última desapareció con el año nuevo
04 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Son de acero inoxidable y están sujetas al terreno, pero alguien está empeñado en que emprendan el vuelo. Son las garzas ornamentales de O Grove, que van camino de convertirse en una especie en extinción. Llegaron al istmo de O Bao en el 2002 -muy cerca de donde acuden cada año miles de aves migratorias- con la misión de adornar la entrada a la localidad. Gracias al maná de Europa y a lo que se dio en llamar Plan de Excelencia Turística se encargaron 17 esculturas metálicas que representaban garzas y flamencos, con un coste de 33.000 euros. La obra la firmaba el artista Manuel Barreiro, y enseguida le salieron admiradores.
Nadie sabe cómo y quién es el responsable, pero la aves de acero fueron desapareciendo poco a poco hasta quedar solo siete. Semejante saqueo, llevó al Concello de O Grove a trasladar el conjunto escultórico más cerca del casco urbano, pensando que esto disuadiría a los amigos de lo ajeno de coger lo que no es suyo, pero ni con esas.
En octubre del 2005 desaparecieron otras dos piezas a pesar de que fueron instaladas con una base de hormigón de 200 kilogramos. Y las que quedaron sufrieron varios sabotajes. En septiembre del 2013, una de ellas amaneció tirada en el suelo y con una pata rota y en junio del 2014 apareció otra con el cuello retorcido, en lo que parecía ser un intento por arrancarla del suelo. Pero resistió.
El Concello retiró las piezas estropeadas para arreglarlas, quedando solo cuatro adornando la rotonda situada en O Corgo, pero el nuevo año llegó con más bajas; el cuarteto quedó reducido a un trío. Todo apunta a que, otra vez, las aves más famosas de O Grove fueron víctimas de algún ladrón o ladrones, quizá aprovechando la oscuridad en que quedó sumido el municipio como consecuencia del apagón vivido el 1 de enero, que se prolongó hasta bien entrada la madrugada.
En el pueblo hace tiempo que circula el comentario de que hay más garzas repartidas en jardines de chalés con piscina que en las rotondas para las que fueron concebidas. Quién sabe. Lo que sí es seguro es que las aves metálicas se han convertido en objetos de deseo que empiezan a brillar por su ausencia.