El chaparrón cayó de las ventanas

Bea Costa
bea costa VILAGARCÍA / LA VOZ

PONTEVEDRA

monica ferreiros

Miles de personas acudieron a la llamada de la gran mojadura apadrinada por San Roque

17 ago 2015 . Actualizado a las 05:10 h.

La tendencia natural del ser humano, como hacen los gatos, es escapar del agua. Para eso se han inventado los paraguas, los chubasqueros, las botas... y se busca el cobijo de los balcones cuando la lluvia es inclemente. Eso, siempre que no sea 16 de agosto y esté uno en Vilagarcía. En ese caso, el agua se convierte en el bien más buscado, y no precisamente para llevarse a la boca. Para saciar la sed ya está el botellón y la barra del bar. En San Roque, el agua alcanza un poder vivificante sobre los cuerpos que en Vilagarcía saben satisfacer con alegría y generosidad. El caso es digno de estudio. ¿Cuál es el poder de la Festa da Auga para ejercer este magnetismo sobre los jóvenes? La historia se repite cada año. Unas veces más y otras veces menos, pero los asistentes a la fiesta siempre son multitud. El centro de la ciudad estuvo tomado durante dos horas por miles de personas llegadas de toda Galicia, y de fuera de la comunidad también, que hacen coincidir su calendario de vacaciones para no faltar a esta cita.

Sin tregua

En bañador o con chubasquero, en chanclas o con neopreno. De toda guisa acude la gente a la orgía del agua más famosa del país, que atrae, también, a cámaras de toda España. Y el que piense que por llevar un micro va a salvarse de la mojadura está muy equivoca. El que se mete en la «zona húmeda» no se libra de que le caiga una ducha a media mañana.

Se ve que la noche en vela pasó factura, que a la una de la tarde la estación de Vilagarcía hervía de gente; unos esperando el tren, otros haciendo cola para conseguir un billete y alguno aprovechando el asiento para echarse un sueño. Pero la mayoría seguía a esa hora al pie del cañón, clamando por un chorro caído del cielo, bailando en A Baldosa o botando a ritmo de máquina al lado de un maletero cerca de la playa. Teniendo en cuenta la marabunta que doce horas antes poblaba el paseo marítimo parece increíble que el arenal estuviera libre de basura. Pero los operarios municipales no tienen el don de la ubicuidad así que a esa hora afrontaban la limpieza de la explanada TIR y de los jardines de Miguel Hernández, sorteando obstáculos inertes y durmientes. La marea humana dejó incidencias en la ciudad, pero nada irreparable.

Festa da Auga en Vilagarcía