Un inusual jardín con maíz y hortalizas crece en la playa marinense por iniciativa de un bañista que acude al arenal a lo largo de todo el año
11 ago 2015 . Actualizado a las 08:38 h.Maíz, acelgas, tomates y pimientos comparten espacio en la playa de Portocelo con las conchas de las almejas y los berberechos, los bañistas, la sombrillas, los cubos y palas y las sillas. Es la novedad de este año en el arenal marinense. Un vecino, que se acerca a la playa todos los días del año que puede, independientemente de si llueve o hace sol, y de si es el gélido enero o el tórrido agosto, decidió darle su toque personal a la playa y lo consiguió.
Según indicaron fuentes vecinales, el hombre decidió probar suerte a ver si crecían algunos productos de la tierra aprovechando la parte más próxima al muro de contención de la carretera, cerca de las duchas.
Para sorpresa de más de un incrédulo, la arena resultó buena para el crecimiento del maíz y las hortalizas. En el pasado gran parte de la playa de Portocelo era un inmenso juncal y parece que no ha perdido del todo sus propiedades para la agricultura.
De paso, este huerto es objeto de un divertido y apasionado debate en redes sociales, entre los que apoyan la iniciativa, porque a su entender adorna y no estorba, y los que creen que no es el lugar correcto para una plantación.
Portocelo es una playa de bandera azul, una de las más veteranas de la ría. Y también es uno de los arenales más conocidos de Marín. La concejala de Turismo, la popular Cristina Acuña, explicó que sopesaron si preservar o retirar el huerto cuando estaban haciendo los preparativos de la puesta a punto de la playa en el inicio de la temporada estival. Cabía la posibilidad de que causase algún problema y había incertidumbre sobre qué opinión tendrían los inspectores de Adeac, la organización que concede las banderas azules.
Pues bien, los inspectores ya vinieron a ver el arenal y entre la revisión sobre socorristas, servicios, calidad del agua y otras cuestiones, la huerta playera no pasó desapercibida. Pasó el examen. Cristina Acuña indicó: «Les gustó y les pareció muy curioso».
Ahora solo resta ver si la playa dará su primera cosecha en décadas y surgirá una nueva incógnita, ¿quién se hará cargo de los frutos? ¿El bañista que la cuidó o algún que otro aprovechado que quiera aderezar una ensalada? El tiempo lo dirá. No falta mucho.