La merecida vuelta del Teucro, que nunca debió dejar la Asobal

carmen garcía de burgos PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Tras estar al borde del cierre, el equipo de Pontevedra ha vuelto a la élite del balonmano

04 may 2015 . Actualizado a las 11:28 h.

El héroe de la mitología griega que da nombre al equipo de balonmano de la ciudad de Pontevedra parece estar haciendo justicia con el club y la plantilla azules. En menos de un lustro el Teucro ha pasado de estar a punto de ver desaparecer su identidad a ascender a la primera categoría nacional, de la que nunca debería haber descendido. A pesar de la cantidad de veces que lo hizo.

Aun hoy, la existencia de la sociedad es fruto, en gran medida, del apoyo recibido por parte de acreedores y patrocinadores. La anterior directiva dejó el club con un regalo: una deuda de 1.844.462,17 euros, lo que la obligó a entrar en concurso de acreedores. La negociación pasó, como suele ser habitual, con una quita que, sumada a la aportación de socios y colaboradores, logró reducir el pasivo hasta 589.668,61 euros que posee en la actualidad. De ahí que el ascenso a Asobal sea más determinante si cabe para el equipo pontevedrés que para otros clubes similares.

Para empezar, porque puede crear una diferencia significativa a la hora de conseguir patrocinadores. Hoy, el club va cambiando la sede de sus ruedas de prensa previas a cada partido y sus telones de fondo en función de la empresa que respalde el encuentro. Y comienzan cada una de las comparecencias agradeciendo su inestimable ayuda.

Siguen siendo momentos difíciles para un equipo que, desde el año de su constitución, en 1945, hasta hoy se ha visto obligado a jugarse el orgullo en muchas ocasiones en los puestos de descenso. Y algunas de ellas ha tenido que dejarlo allí custodiado para recuperarlo a la vuelta. Todos saben que siempre acaba volviendo allí arriba, tarde o temprano.

Desde el 2004

Lleva su galería de trofeos desde el 2004 en el guardarropas de Asobal, cuando descendió por última vez. Llegó a la División de Honor en 1973, y en ella permanece durante tres temporadas más. Seis años después, en 1983, regresa, pero solo le dura la alegría un año. Aprendida la lección, el siguiente ascenso, logrado en 1989, lo atesora y revalida quince temporadas más, hasta el 2004. Durante todo ese período, desciende de categoría en dos ocasiones, en las temporadas 1997/1998 y la 2000/2001.

Entre su palmarés destaca la del 1995/1996, cuando el equipo quedó cuarto, o las de 1989/1990 y el 2003/2004, cuando quedó semifinalista de la Copa del Rey.

Es un equipo acostumbrado a pasar de estar entre los mejores de España a batirse contra divisiones inferiores. E incluso a perder, pero resulta innegable que lo que mejor se le da es ganar. No por lograr los resultados finales, sino por cómo lo hace. El Teucro puede presumir de ser uno de los cuadros más admirados y respetados de la División de Honor Plata y, al mismo tiempo, de los más humildes. No le cuesta reconocer los méritos del adversario ni los errores propios.

Un domingo por la mañana

«Ha llegado así, de una manera un poco imprevista y un domingo por la mañana, que solemos estar todos tranquilos y relajados y en familia», aseguraba ayer el entrenador, Quique Domínguez, minutos después de enterarse de la noticia. El partido de la noche anterior había hecho tambalear sus expectativas y su seguridad en sí mismos. Sabían que iban a lograr el ascenso, pero también eran conscientes de que la cita la tenían la noche del sábado. Con su afición y con ellos mismos. En realidad, no importa tanto: «Ha llegado, que era lo que deseábamos, y por lo tanto no resta ni un poco de alegría, felicidad ni mérito al logro. Lo importante es que somos campeones y que la temporada que viene el Teucro está en Asobal», añadió.