Cinco familias pidieron en el 2014 ayuda a Cruz Roja para atender a sus hijos hospitalizados
12 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Admite que iba con un poco de respeto. Tiene 20 años y era la primera vez que se quedaba a cargo de un pequeño y, además, hospitalizado. Raquel tardó unos minutos en sentirse tan cómoda con Sofía que enseguida supo que había acertado plenamente apuntándose al programa Respiro Familiar que ofrece Cruz Roja. María José Freire, la madre de la niña de 3 años que permaneció cinco días ingresada a causa de complicaciones respiratorias, no podía creerse que la solución fuera tan fácil. Ella es invidente, y adoptó a su pequeña, que posee problemas neurológicos, en la República Dominicana. Acababan de diagnosticar un cáncer terminal a su hermana, y la situación pudo con ella.
Necesitaba unas horas para poder ir a casa y ducharse, cambiarse y sacar a pasear a su lazarillo, y no tenía a nadie de primera mano que pudiera quedarse con la pequeña, que presenta problemas para comunicarse. Fue la trabajadora social del Hospital Provincial -organismo sin el que sería imposible llevar a cabo este servicio- la que detectó las necesidades de María José. A día de hoy asegura que no tiene palabras para agradecer la ayuda que le prestaron en aquel momento.
Cada día se quedaba una joven voluntaria con Sofía. Todas ellas le dieron el mismo cariño y los mismos cuidados que si hubieran sido de su propia familia. Al menos así lo siente su madre -todavía se encuentra a la espera de la aprobación de la adopción definitiva, aunque lleva con ella más de dos años-, a la que sus amigos conocen por Sisí.
Colaboración del hospital
La intervención de la asistente social forma parte del protocolo. Los padres y la trabajadora realizan una solicitud que, en muchas ocasiones, es para el mismo día. Puede coincidir con Nochebuena o Fin de Año, como ocurrió este pasado diciembre. De hecho, de los servicios que se prestaron en el 2014, dos de ellos coincidieron con las fechas más familiares del año. No es fácil encontrar jóvenes dispuestos a dejar lo que estén haciendo para correr junto a un menor que no conocen y cuidarlo como si fueran su padre por unas horas. Pero «los voluntarios para los casos de Respiro Familiar son una maravilla», admite Diana Freire, la responsable de Cruz Roja Xuventude en Pontevedra.
Es la oenegé la que evalúa cada una de las peticiones y, aunque la idea es que nunca se pase de dos horas, hay circunstancias concretas que justifican un período mayor. Este aumento no recaerá, en cualquier caso, sobre los voluntarios, que cumplen turnos de dos horas cada uno.
«Engancha mucho»
«Cuando voy a respiros voy siempre con un poquito de respeto, pero llega el momento y a mí me sale», admite Raquel, quien recuerda con especial ternura el primer -y único, por el momento- bebé que le tocó cuidar. «Estaba muy nerviosa porque quería hacerlo bien, y era tan pequerrechiño... y súper bien. Yo que pensaba que iba a estar como con miedo de cogerlo, y qué va, lo cogía y le daba el biberón, y, bueno, es que es lo que hacemos, cuidarlos».
La joven voluntaria ha descubierto que tiene mano para los niños, y está cada vez más involucrada en los programas de la entidad pontevedresa, pero reconoce que tan solo se necesita una cosa para participar en ellos: «Tener ganas, ir con ganas». «A mí siempre me gustaron los niños, así que tenía ganas de hacer algo por el estilo. Y una vez que empiezas te engancha mucho», confiesa en tono alegre. La alegría les dura todo el día. Sobre todo, a las jóvenes que tratan con niños hospitalizados.
«La cuidamos como si fuera un bebé, la cogíamos, le dimos la merienda, estábamos pendientes de que estuviera bien». Habla de Sofía. «Hablé con su madre, que era maravillosa, y estaba súper contenta. Los padres con los que estuve noté que estaban bien, tranquilos», asegura. Tanto a ella como al pequeño de meses al que atendieron les acabaron cogiendo cariño después de convertirse en sus cuidadoras durante un tiempo. «Estoy bien con todos, pero sí que fue una experiencia diferente y fue muy genial un bebé», asegura. «Lo aconsejo totalmente, a mí la verdad es que me llena», añade.