La plaga de las ratas del aire

Imaginar que eliminando unas decenas de anidamientos, se mitiga el problema de gaviotas que soporta la ciudad de Pontevedra, es una alucinación


Intentar taponar una hemorragia con una tirita es un imposible. Eso ha pretendido el Concello de Pontevedra pensando que por erradicar un cierto número de nidos y de crías de gaviotas se va a arreglar el severo problema de superpoblación de estas aves que tenemos en esta ciudad. Para ser exactos, lo que padecemos es más bien una plaga de las llamadas ratas del aire.

Los humanos hemos desplazado a muchas especies de sus hábitats y las que pueden, nos devuelven la moneda con prácticas invasivas. Las gaviotas patiamarillas como las que menudean en Pontevedra, tenían su base de operaciones en las Illas Cíes, paraje de cría donde disfrutan de protección por la condición de parque nacional.

Las facilidades que hemos creado en las urbes para que estas aves omnívoras se alimenten, propició primeramente su acercamiento y después su asentamiento en las ciudades del sur de la provincia. Pontevedra no es una excepción. Vigo, Vilagarcía o Marín padecen el mismo problema.

Los vertederos, como el extinto de Cerponzóns, fueron durante mucho tiempo, el Carrefour de cientos de gaviotas que hallaban comida fácil entre toneladas de residuos. Al sellarse el basurero, las gaviotas se adentraron en la ciudad, colonizando nuestros tejados. Los contenedores son su despensa. También descubrieron que los veladores de las numerosas terrazas de cafeterías, bares y restaurantes, constituyen un excelente comedero aunque sea a costa de «arramblar» con cubertería, loza y lo que se ponga por delante. Incluidos los clientes.

Desde 2008 se vienen incrementando las quejas por las crecientes molestias que produce la progresiva presencia de estas aves. No estamos ante un problema solo de incomodidad. También de insalubridad; de creciente inseguridad y de evidente riesgo para quienes pretenden disfrutar de una de las señas de identidad de esta capital.

Problemas en edificios

Por otra parte la masiva presencia de gaviotas acarrea problemas en edificios con azoteas, balcones y tejados. Son animales muy territoriales. Allí donde una pareja anida, procuran que nada les altere por lo que interpretan la presencia humana como una intromisión. Y actúan en consecuencia con deyecciones, vuelos rasantes y picotazos.

El Concello, a través de la concejalía de Sanidad Animal, tomó una iniciativa, a todas luces corta y escasa. Aunque fuera bien intencionada. Los especialistas contratados por la administración municipal acaban de rendir cuentas de su intervención. El saldo de la operativa produjo el traslado de algo más de un centenar de anidamientos y 123 pollos que fueron llevados a repoblar una zona de la Costa da Morte. Fueron levantados de las techumbres de edificios públicos como la Audiencia, el Instituto Valle Inclán o la Facultad de Bellas Artes.

Solo entre tejados y cubiertas del polígono de Campolongo, Avenida Reina Victoria y otros edificios del entorno de Las Palmeras y la Alameda, el número de anidamientos y de ejemplares de gaviotas es notablemente superior. Y ahí permanecen.

A la vista de cualquiera está la superpoblación de gaviotas que soportamos. Los propios especialistas contratados por el ayuntamiento admitieron su enorme sorpresa por la tremenda densidad de gaviotas que tenemos en esta capital.

Me alegra que se apunte por el Concello que en 2015 se ampliará la campaña. Más vale. Por que con el «buenismo», teñido de ecologismo mal entendido que se contestaba otras veces, no fuimos a ninguna parte.

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