Lores está cada vez más en alerta

La reforma legal que pretende Mariano Rajoy amenaza la continuidad del actual alcalde al cerrarle la posibilidad de pactos poselectorales como los que mantiene desde 1999


Miguel Fernández Lores está cada vez más preocupado ante la creciente posibilidad de perder la alcaldía de Pontevedra. El tono de sus declaraciones en rueda de prensa en esta semana, evidencia que está alertado. El regidor nacionalista ya le está viendo las orejas al lobo ante el empeño del PP en aprobar la reforma electoral que preconiza Rajoy para que sean alcaldes los candidatos más votados, intentando evitar la repetición de pactos poselectorales como los que durante cuatro mandatos han posibilitado la permanencia de Lores al frente del Concello de esta capital.

Cuando Lores dice que esa pretendida reforma «é un atentado contra a democracia», viene a decir que la pretensión de Rajoy y el PP es alterar las dimensiones de la cancha de juego y convertir un partido de futbol once en otro de futbol sala.

Hace un mes ya reflexionábamos sobre este asunto. Las semanas transcurridas vienen a confirmar que el rival de Lores no será propiamente Jacobo Moreira; sino el mismísimo Mariano Rajoy, que le quiere derrotar a domicilio, obligando por ley a un techo electoral que podría alejarse de las expectativas de resultado que espera obtener el BNG en mayo del 2015.

La pretendida nueva norma está aún por desvelarse. Pero si exige un 40 % de votos para el ganador; o bien si demanda una segunda vuelta entre los dos candidatos más sufragados, queda claro que se cierran otros caminos para terceros en discordia que pensaran en coaliciones.

La reforma, caso de materializarse como se atisba, será una patada en la boca para las aspiraciones de fuerzas emergentes, como Podemos, Alternativa Galega de Esquerda u otros. Y para el PSOE, en el caso de Pontevedra, podría resultar letal. Casi dejaría a los socialistas como un partido testimonial.

«Calzarse» el consenso

Se percibe que el Partido Popular tiene intención de calzarse cualquier respeto al consenso que presidió 18 reformas anteriores del ordenamiento legal en esta materia, la LOREG (Ley Orgánica del Régimen Electoral General). Se denota también en el tono de muchas declaraciones de argumentario de cargos públicos de ese partido. Pero sobre todo las sospechas se fundamentan en la sempiterna indefinición del líder de esa formación y presidente del Gobierno, cuyos silencios han preludiado ya varias de las más duras medidas y de los mayores incumplimientos electorales en los que ha incurrido su gabinete durante esta legislatura.

Entre caminata y caminata por la Ruta da Pedra e da Auga y el entorno de Armenteira, Rajoy quizá todavía cavile tal asunto. Para mí que ya lo tiene masticado.

A su partido le va a tocar mover ficha el próximo martes. Ante la Diputación Permanente del Congreso de la Nación deberán responder los representantes del PP si Mariano Rajoy acepta comparecer en la Cámara para explicar su propuesta de reforma electoral como exigen PSOE e Izquierda Plural.

Como probablemente esquivará esa cita parlamentaria, habremos de aguardar hasta el próximo 30 de agosto, al ya habitual acto político de los populares en el castillo de Soutomaior a ver si se puede escrutar algún guiño de Rajoy sobre este particular. Tampoco albergaría muchas esperanzas. Probablemente será dentro de unas semanas, y ya de vuelta en Moncloa, cuando se confirme que Rajoy y su partido van a tratar de imponer en solitario una reforma electoral con su mayoría parlamentaria y a nueve meses de los próximos comicios municipales.

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