«Quedan as mans conxeladas»

Marcos Gago Otero
marcos gago PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

El frío no frena a los mariscadores que pasan dos horas en el agua

10 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Pertrechados como pueden con neopreno -traje y guantes-, con un gorro calado en la cabeza hasta las orejas y con botas de agua, cientos de mariscadores trabajan estos días, en plena hora de frío, con el agua hasta la cintura o más, durante una media de dos horas por jornada. Es la visión que queda en la retina de miles de conductores que atraviesan la autovía de Marín, a la altura de Os Praceres, o la PO-308, junto a Combarro o A Seca. Eso sí, en los coches es posible poner la calefacción, unos grados de diferencia que marcan la distancia entre la comodidad al volante y las manos frías y los pies húmedos de los mariscadores.

Pasa todos los años. Diciembre no es un mes apacible para zambullirse en la ría, pero en esta campaña las cofradías consiguen hacer la mitad de los ingresos del año. No se puede perder ni un día, ni siquiera en caso de que aparezcan frío, temporales o malas mareas.

Los mariscadores arrastraron ayer sus carritos y rastrillos por la playa pasada la una de la tarde. Al menos es una hora donde el sol, aunque algo tibio, es capaz de calentar un poco. Hoy y mañana entrarán en el agua sobre la misma hora, pero como este trabajo depende de las mareas el viernes será el peor día, a efectos de frío, porque bajarán a la playa a las siete de la mañana.

«Cuando sale el sol es el peor momento, porque cuando es tan temprano hace mucho frío», explica la patrona mayor de Lourizán, María del Carmen Vázquez, que añade que «menos mal que no llueve ni hace viento, porque con frío es terrible».

A las tres y media, los mariscadores empezaron ayer el camino de regreso al punto de control, con su cargamento de almeja fina y japónica para la venta por la tarde en la lonja de Campelo.

La marca de agua en la ropa, casi a la altura de los hombros, indicaba hasta dónde se había acercado Ignacio Meijón para recoger su cuota diaria de moluscos. «É duro porque che quedan as mans congeladas, prefiro a chuvia porque co frío non paras», sostiene.

A su lado, Ángela González, indica que ella se metió hasta la cintura, como la mayoría de sus compañeras. A una temperatura de doce o trece grados en el agua del fondo de la ría, esta mariscadora incide en que lo peor, al trabajar con frío, «síntese nas mans».

Rita Santórum señala que en la actualidad bajan a la playa con mucha ropa de abrigo y neopreno para combatir los pocos grados que hay en el agua. «Co neopreno non pasamos o frío de antes, pero hai bastante, sobre todo nas mans», apunta. Esta mariscadora afirma que el trabajo del mar es «duro» y que «non é un soldo para vivir», pero que sí sirve para poder complementar el que trae a casa su marido, marinero. Aunque admite la incomodidad de las bajas temperaturas, prefiere el frío a las precipitaciones. «Con chuvia non miras ben, é moi incómodo e sintes a auga por riba túa, o frío molesta un pouquiño, algo nos pes, pero sobre todo nas mans».

La procesión de carritos y rastrillos avanza con normalidad hacia el punto de control. Su producto acabará en las mesas de Navidad y Fin de Año en toda Galicia e incluso fuera. Al menos confían en que los precios compensen el esfuerzo.