El sumario del secuestro exprés de O Vao revela el calvario de la víctima
17 nov 2013 . Actualizado a las 11:20 h.La instrucción del supuesto secuestro exprés de un drogodependiente el pasado mes de julio, en principio, ha descartado la posibilidad de imputar un delito de intento de homicidio a los sospechosos. En su lugar, el cargo que, a juicio de los investigadores, cuenta con los indicios más sólidos es el de detención ilegal.
A este respecto, el auto por el que se decretó la puesta en libertad con cargos de los cuatro detenidos refiere que no solo la víctima ha mantenido siempre la misma versión de lo ocurrido, sino que la grabación de una llamada suya al 112 «é plenamente coherente con por el manifestado». Además, las triangulaciones han localizado el punto de origen de esta comunicación en la zona de O Vao donde presumiblemente se produjo el rapto.
Fueron aproximadamente cinco las horas de calvario las que vivió B. G. G. el pasado 16 de julio. Poco antes de las nueve y media de la mañana, este vecino de Poio fue abordado en la rotonda de A Barca por un joven al volante de un Renault Laguna, quien le invitó a subir al coche bajo el pretexto de mantener una conversación.
En el trayecto hacia el poblado, el conductor le comunicó que unos pendientes que el denunciante les había vendido como si fueran de oro, no eran tal. Consecuentemente, «les debía la cantidad de droga que en su día le dieron por estos -medio gramo de cocaína, 25 euros-». Además, le recordó que en el pasado, presumiblemente, «les había vacilado» con un reproductor de deuvedé que no funcionaba correctamente, si bien por aquel hecho ya le perdonaron.
Una vez en O Vao, entre empujones, Braulio fue conducido hasta una de las chabolas, en cuyo cobertizo fue introducido, al parecer, a la fuerza por tres individuos. Una vez dentro, le amenazaron: «Te vamos a matar. Tú tranquilo que te vamos a matar, que no vas a salir de aquí. Te vamos a dejar tirado en el monte con una sobredosis».
Tras una media hora encerrado a solas y oscuras en el cobertizo, pudo escuchar cómo una joven identificada como M. B. C. decía «no le gusta la droga, pues vamos a darle droga. Preparar la jeringuilla».
Según la denuncia del vecino de Poio ante la Guardia Civil, fue reducido en el suelo por tres varones, mientras un cuarto intentaba inyectarle una sustancia en una jeringuilla. Al parecer, solo consiguieron introducirle parte de la dosis, pero la suficiente como para que notase como «le subía a la boca un sabor a cocaína, como si se hubiera metido un tiro importante».
Lo dejaron tirado sin más compañía que un bolso de su propiedad. No lo revisaron y eso fue su salvación. Dentro estaba un móvil con el que se puso en contacto con el 112. Sus presuntos captores se percataron de ese hecho y, pasadas las dos de la tarde, lo echaron del galpón. Tras varios minutos oculto en el monte, B. G. consiguió abordar a una patrulla de la Guardia Civil.