La silueta del megayate que atracó en Marín esta semana atrae las miradas de los trabajadores del puerto y de muchos vecinos. Con 76 metros de eslora y trece metros y medio de ancho es más grande que muchos de los pesqueros de este puerto. Se trata solo del casco del buque, provisto de varias cubiertas. Falta por rematar todo el interior, así como todos los restantes detalles que convertirán esa estructura flotante hoy vacía en una embarcación de lujo.
Está previsto que este trabajo final se lleve a cabo en el puerto holandés de Róterdam, destino al que se dirigía desde Gibraltar cuando el temporal sorprendió a la tripulación del remolcador Luna A, que lo transportaba, a la altura de la costa gallega.
«Buscamos refugio en Marín porque nos lo recomendó alguien que conozco», señaló uno de los cinco tripulantes daneses del Luna A, un barco de la empresa G. A. Shipping. Se sienten satisfechos con los servicios portuarios y se harán a la mar en cuanto el temporal amaine. Cauteloso, el portavoz de la tripulación no quiso aclarar quién es el dueño del impresionante barco.