1Ni gallinas, no erizos, ni conejos. Este año, los protagonistas de la festividad de san Antón Abade, en Pontevedra, fueron los perros. En cambio, en Marín, un hurón acaparó la atención, si acaso, compartida con un pequeño felino, frente a una también mayoría de canes. Se trataba de cumplir con la tradicional bendición de los animales. Como cada 17 de enero, ayer a medio día numerosas personas se arremolinaron en el atrio de la iglesia parroquial de San José de Campolongo, para pedir la bendición de sus mascotas, que impartieron el párroco José Antonio Recuna y el padre Guillermo Campos, previa lectura de la oración de san Antón, invocando a la protección de los animales domésticos.
Más de una docena de perros de todas las razas recibieron sin rechistar el agua bendita con la que los salpicaron los sacerdotes. La mayoría eran cachorros de menos de un año, que asistían por primera vez a esta ceremonia. Kika, una mezcla de chihuahua y yorkshire, tiene ocho meses, este invierno sufrió una neumonía, estuvo muy malita, y su dueña, Xoana, la ofreció a San Antón para que se cure del todo. Lisa, un caniche enano, es una veterana de esta ceremonia, a la que solía acudir con su madre, que se murió el año pasado. Está vez asistió acompaña de su amiga Lala, de la misma raza, y allí se encontró con Perla un cruce de dálmata con palleiro, con Roni, un buldog francés, con Lúa, un cachorro de bóxer, con Laika, un labrador retriever, y otros colegas perrunos.
Templo Nuevo
2 En Marín, se recuperó esta tradición de la bendición de san Antón, después de años sin celebrarse. En el atrio del Templo Nuevo se juntaron una treintena de canes, más el mencionado hurón y un gato, al que su dueña llevó en un transportín y lo mantuvo a buen recaudo, apartado de los perros, para evitar algarabías. El párroco, José Iglesias, dio la bendición a estas mascotas, la mayoría de las cuales acudieron protegidas por gabardinas en una jornada muy lluviosa.
La tradición
Las escenas que se vivieron ayer en Pontevedra y Marín, se repitieron en las iglesias de muchas localidades gallegas y españolas. Es una tradición que data de la época colonial. San Antonio Abad es el patrono de los ganaderos, veterinarios y protector de los animales domésticos. En las estampas se le suele representar con un cerdo al lado e incluso gallinas, burros y ovejas. Nació en el alto Egipto, al sur de Menfis, en el año 251, y se dice que vivió hasta los 105 años. Fue precursor del movimiento eremítico y en los relatos sobre su persona se mezclan elementos históricos y legendarios. Pasó muchos años ayudando a otros ermitaños a encaminar su vida espiritual en el desierto y siempre se destaca su amor por los animales, a los que cuidaba y curaba. Se dice que incluso llegó a sacare a un león una espina de sus garras.