Natalia Felgueroso y Michael Álvarez viven desde hace un año en Dubái
03 mar 2012 . Actualizado a las 12:30 h.De pequeña jugaba en La Herrería. Hoy a sus hijos les encanta hacerlo en las dunas del desierto. La vida de la pontevedresa Natalia Felgueroso del Portillo y de su marido Michael Álvarez Scrutton, de madre inglesa y oriundo de O Grove, dio un giro radical hace algo más de un año, cuando ambos se trasladaron junto a sus tres pequeños desde Pontevedra a Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos.
La pareja se casó en el 2004. Hasta ese momento, Natalia trabajaba en Madrid como gerente de una empresa de turismo rural de ámbito nacional, y Michael, ingeniero naval, en el Astillero Freire de Vigo. Al contraer matrimonio, ella renunció «gustosamente» a su trabajo para evitar vivir separados y decidieron fijar su residencia en Pontevedra. La idea de irse a Dubái, un lugar que desde siempre había atraído a Michael, ya surgió en el 2008, pero por circunstancias familiares tuvieron que posponerla. Dos años después, en verano, el grovense tuvo una oferta de trabajo desde los Emiratos. «Pensamos -dice Natalia- ¿por qué no aceptar? Siempre nos había interesado el país y dada la situación en el sector naval español?».
En octubre del 2010 Michael viajó solo para la primera toma de contacto. Natalia, que había dado a luz su tercer hijo en septiembre -la mayor tenía cuatro años y el segundo dos-, viajó con él un mes después y ambos quedaron fascinados. «El problema era que no conocíamos a nadie y no sabíamos cómo elegir colegios, dónde vivir, cómo era la vida aquí para unos niños tan pequeños? En el puente de diciembre hicimos una segunda visita y nos gustó aún más, así que por fin decidimos mudarnos».
Llegaron el 12 de enero del pasado año. Michael firmó como director comercial de la empresa naval Goltens Dubai y se instalaron en Green Community, una urbanización a las afueras «con casas muy grandes y con mucho jardín, y zonas infantiles, que era lo que necesitábamos». El primer mes fue «muy difícil», pero como reconoce Natalia, «aunque la vida es muy diferente, es tan interesante que te adaptas pronto». A ello ayuda que el 90 % de la población sea extranjera, «y enseguida hacemos piña; todo el mundo te ayuda porque se ha visto en la misma situación al llegar, igual que tú ayudas al que viene detrás».
«Todo es espectacular»
Lo primero que sorprende de Dubái, «un lugar en constante crecimiento que están enfocando como destino turístico, con lo que la oferta de servicios de ocio es inmensa», es «la magnificiencia». «El skyline es increíble, y si un edificio es espectacular, el otro lo es más -cuenta-. Está el hotel más lujoso del mundo, de 6 estrellas, el centro comercial más grande y opulento, el Dubái Mall, o las fuentes con espectáculo de luz y música más deslumbrantes... Todo es enorme, y es increíble porque solo hace 40 años que se crearon los Emiratos Árabes como federación, y Dubái está creado a partir de un desierto. Así tenemos estas tormentas de arena tan increíbles».
Advierte que ellos llevan una vida cómoda, pero en Dubái «hay diferentes categorías de ciudadanos». Los europeos y americanos «somos de segunda, después de los locales». «Y la vida es fácil, pero no lo es tanto si hablamos de hindúes o pakistaníes, por ejemplo». En relación a la mujer, «se nota que vivimos en un país árabe». «Necesitas la firma de tu marido para trabajar, abrir una cuenta o comprarte un teléfono -apunta-. Puedes vestir al modo occidental sin mayores problemas, pero con limitaciones. Por ejemplo, en los mall (centros comerciales que son como miniciudades) hay reglas en la entrada, no llevar tirantes, ni minifalda, ni flip flop... Y de comportamiento, no ir de la mano o mantener muestras de afecto en público».
En el Ramadán, también deben seguir unas normas. «Los niños y las embarazadas pueden comer y beber en público, pero en los demás no está bien visto, de hecho en los mall habilitan zonas para poder hacerlo sin ofender». Reconoce que viven «felices», aunque ahora Michael pasa temporadas en Corea por trabajo. «Nuestra intención es quedarnos un par de años y luego, ya se verá ¡Salam malecum!».