La irrupción de Beatriz Gómez en la élite de la natación mundial recuerda a la de grandes leyendas que dejaron su huella en la historia del deporte. Y es que, con 17 años recién cumplidos, resulta difícil llevar la cuenta de las medallas que ha conseguido y las marcas que ha pulverizado en los últimos tiempos.
Los más escépticos pensarán que todavía es pronto para encumbrarla, escudándose en la larga lista de talentos que nunca superaron el cartel de promesas. Pero la madurez que demuestra esta joven pontevedresa al hablar de sus éxitos dentro de la piscina deja bien claro que ha llegado a la élite para quedarse y escribir su propia historia.
Sus primeras brazadas no hacían presagiar el gran potencial que llevaba dentro. «Empecé a nadar sobre los 4 ó 5 años, pero no me enrolé en el Club Natación Galaico hasta los 7 años. Al principio era muy mala, tanto que ni siquiera me ponían en los relevos del club», reconoce con una sonrisa.
Su primer éxito llegaría a los 11 años, cuando se proclamó por primera vez campeona gallega. «Fue una sorpresa, no me lo esperaba. Nunca había conseguido ninguna medalla, y de repente gané el campeonato en 100 espalda», aclara la joven, que a lo largo de su todavía corta carrera se ha empeñado en sorprender a propios y extraños con su meteórica progresión.
El siguiente salto de calidad lo daría dos años más tarde, cuando participó en su primer campeonato de España. Pero todavía harían falta un par de años más para recibir la primera convocatoria con la selección española, en la que se ha convertido en una pieza indiscutible. Bea recuerda con orgullo esa concentración en Sierra Nevada. «Cuando llegué, todos los compañeros se quedaron extrañados porque había salido de la nada. Todos se conocían menos yo», apunta. Allí coincidió con algunas de las promesas más firmes de la natación nacional, pero también le sirvió para entender que ese era solo el inicio de un largo camino. «Recuerdo que compartía habitación con Lidón Muñoz, de Castellón. Pero muchos de los que estaban allí se han ido quedando por el camino».
La convocatoria con la selección nacional fue el punto de inflexión a partir del cual comenzaron a sucederse los éxitos internacionales de Bea. Así, por ejemplo, en el Europeo júnior de 2010, Bea acudió buscando la marca mínima, y acabó colgándose dos platas en 200 y 400 estilos casi sin proponérselo. «Pasé de ser espaldista antes de entrar en el CGTD, a ahora ser estilista y que mi peor estilo sea la espalda», señala.
Progresión meteórica
La progresión de Bea era ya imparable. Comenzó a compartir selección absoluta junto a grandes referentes de la natación española, pero ni siquiera eso arrugó a una Bea Gómez que asume con naturalidad todo lo que le está pasando. Su confirmación definitiva llegó el pasado verano en Lima, donde se proclamó campeona del mundo júnior en 200 estilos. «Puede que no le dé el valor que tiene. Pasé tan rápido de ni siquiera ser campeona gallega a ser campeona del mundo... Es como si no me lo creyera», reconoce.
Ahora, el sueño de participar algún día en unas olimpiadas está cada vez más cerca. Tanto, que su presencia en Londres este verano se ha convertido en un objetivo alcanzable. Solo dos décimas le separan de la marca mínima para la cita londinense. El próximo mes de marzo, Bea tendrá la oportunidad de volver a demostrar que ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad.
Los inicios de Beatriz Gómez en la natación distan mucho de las historias legendarias de deportistas tocados por una varita mágica. Hasta los 11 ó 12 años, su rendimiento fue más bien discreto.
La primera convocatoria de Bea con la selección española supuso un punto de inflexión que aceleró su progresión deportiva. Desde entonces, ha encadenado éxitos nacionales e internacionales.
Su primera victoria en un campeonato gallego la consiguió en 100 espalda, pero con los años se ha convertido en una estilista que, curiosamente, tiene su punto débil en este estilo.