El Concello sigue sin definir el futuro de los restos hallados en la plaza de Valentín García Escudero mientras la zona se deteriora a ojos vista
11 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Érase una vez unas piedras que permanecieron enterradas durante cientos de años a orillas del Lérez, en Pontevedra. Miliarios romanos del siglo II, restos del puente de O Burgo datados en el siglo XII y del malecón portuario del siglo XV, un tramo de la muralla del XVI, la cimentación de la cárcel del XVII y del mercado de abastos del XIX... Sucesivas obras, el crecimiento de la propia ciudad y los rellenos sobre el río fueron tapando las piedras, que acabaron durmiendo bajo el tránsito de pisadas y carros primero y de coches y camiones después.
Hasta que llegó el siglo XXI y se excavó en la zona para reordenar el espacio urbano que había acabado invadido por los coches. Entonces, aquellas piedras fueron saliendo de nuevo a la luz y Pontevedra descubrió lo que en su día se llegó a definir como el «kilómetro cero de la historia de la ciudad»; más tarde se dio en llamar «museo efímero»; y escribió su penúltimo capítulo como proyecto frustrado de Museo da Historia de Cidade, para el que se convocó un concurso de ideas que dio como resultado una actuación valorada en ocho millones de euros.
A finales del 2007, aquellas piedras que en alguno de los casos habían pasado casi dos mil años tapadas, volvieron a desaparecer de la vista, esta vez para ser cubiertas por lonas negras. A la espera, afirmaban desde el Concello, de obtener la financiación necesaria para acometer el proyecto.
Mientras se aguardaba por el dinero, la excavación al aire libre, un agujero de casi cuatro mil metros cuadrados de superficie en una de las entradas a la ciudad y en pleno paso del Camino Portugués a Santiago, se abandonó. Hoy es una zona absolutamente degradada, con un deterioro que se hace más palpable a cada día que pasa, y para la que los vecinos claman por una solución. ¿Y cuál es esta? Para los residentes de la zona, tapar el agujero y recuperar la superficie para uso y disfrute de todos los ciudadanos.
El Concello, en el que hubo un cambio de competencias aunque siguen los mismos socios, descartó a principios de este verano aquel proyecto de ocho millones, escuchó a los vecinos y por un momento pareció incluso atender su demanda. Pero no. Han pasado más de seis meses y las lonas siguen allí, la maleza crece a su antojo y la zona continúa igual de degradada. O más.
La falta de actividad en este tiempo obedece, según se señaló ayer, a que no ha llegado una subvención de cien mil euros aprobada por el Ministerio de Cultura el pasado mes de junio y aceptada por el Concello el 4 de julio. Otro ministerio, el de Hacienda, paralizó el pago. Y así sigue.
Ahora, el Concello dice que trabaja en un nuevo anteproyecto que contempla mantener al aire una mínima parte de los restos, unos 400 de los 4.000 metros cuadrados de la excavación. Concretamente, se apuesta por musealizar los arcos del antiguo puente y los restos del muelle medieval y tapar el resto.
Pero hace falta el visto bueno de la dirección xeral de Patrimonio de la Xunta de Galicia. Y en ese punto está ahora la historia.