Las tasas e impuestos municipales que «se reajustarán» -utilizando la terminología municipal- son las que afectan directamente al bolsillo de los ciudadanos: la basura, el agua, la grúa, la tasa de cementerios, la viñeta, la expedición de documentos administrativos, las plusvalías, el IBI, la ocupación de la vía pública con veladores, andamios u otros elementos... Curiosamente, las que seguirán congeladas son las más «especializadas»: apertura de establecimientos, impuesto de construcción y obras, e impuesto de actividades económicas.
La recaudación que prevé obtener el Concello de esa subida del 3 % de la mayoría de las tasas no es para echar cohetes: apenas 700.000 euros, cuando el incremento del coste de los servicios que se prestan al ciudadano se disparó mucho más desde el 2008. Pero en la situación económica en la que se mueve en la actualidad la Administración local, cada céntimo cuenta. Y más cuando el Concello de Pontevedra va a tener que hacer frente a partir del 2012 a un pago de más de 111.000 euros al mes al Ministerio de Economía por las liquidaciones negativas correspondientes a los años 2008 y 2009.
El gobierno local ya comenzó a apretarse el cinturón en los últimos meses recortando 1,5 millones anuales de gasto corriente; ahora pide a los ciudadanos que también contribuyan. Está por ver la reacción de los pontevedreses, aunque es cierto que cuando las tasas se congelaron en el 2008, nadie protestó.