El Gijón demostró a medias el porqué de su espectacular arranque de liga con tres victorias en otros tantos encuentros. Los asturianos brillaron por momentos, pero no fueron sus méritos los que le llevaron a hacerse con los dos puntos, sino el errático y precipitado juego del Teucro. Las lagunas defensivas, las malas transiciones, con multitud de pérdidas de balón, y los fallos en el lanzamiento de los locales resultaron determinantes.
Los azules se habrían llevado el gato al agua con un poco más de acierto y sosiego en sus acciones ofensivas. Eso habría sido suficiente porque solo perdió de dos goles (21-23). Y Salgado incluso marró un penalti con el tiempo a cero. Este traspiés mete al Teucro en la zona baja, que es donde se le situaba desde la pretemporada. Por ello, las cosas marchan según lo previsto.
Los jugadores de Javier Barrios, muy irregulares, ofrecieron un aceptable inicio de partido y, a base de pundonor, se mantuvieron vivos hasta el 6-4. Un lanzamiento de siete metros repelido por Marinho, en dos ocasiones, lo hizo posible. El pabellón estaba entusiasmado.
Sin embargo, otra acción de penalti, en este caso errada por Toño, se convirtió en un fatídico punto de inflexión. El posible 7-4, que habría servido para dar un toque de atención a los jugadores gijoneses, se convirtió en un abrir y cerrar de ojos en una desventaja de 6-7. Ese fue el principio del fin de los pupilos de Javier Barrios. Los nervios se apoderaron de ellos y perdieron por completo el control de la situación.
La defensa hacía aguas y en ataque cada uno libraba la batalla por su cuenta. Eso y la mala selección de los lanzamientos originó la escapada de los del Principado (7-11). Pablo Fernández y Ángel Paraja se erigieron en el brazo ejecutor de un rival que ya estaba demasiado asentado en la pista como para dar concesiones.
Resurgió de sus cenizas
No obstante, el Teucro renació de sus cenizas para prolongar su agonía. Barrios ordenó una mixta sobre Costoya, y esa modificación táctica surtió efectos. Carlos frenó al cerebro visitante, y Toño, con dos tantos consecutivos, uno de ellos de penalti, llevó la esperanza a las gradas. Los gritos de «¡Teucro, Teucro!» resonaron de nuevo en el Municipal.
El equipo parecía embalado, pero la reacción había sido tardía y el poco tiempo que quedaba hasta el descanso solo permitió un ataque astur que, aunque acabó en el fondo de la red, permitió mantener las espadas en todo lo alto (9-12).
El intermedio, como suele ocurrir en muchas ocasiones, fue una rémora para la remontada. El Teucro perdió la marcha extra con la que acabó el primer período y el Gijón, sin encontrar el juego preciso y el orden iniciales, aprovechó las innumerables pérdidas de balón de los pontevedreses para dar una estocada casi definitiva (11-16).
Arreón final
Barrios no tuvo más remedio que llamar a los suyos a la esquina para evitar lo que se presumía como una sangría sin posibilidad de torniquete (14-20). La charla del técnico fue clave. Sus instrucciones quedaron en el consciente de los azules, que realizaron un parcial de 5-2. La reacción murió en ese 19-21 porque los largueros impidieron alcanzar algo más que una honrosa derrota.
Tanteo cada cinco minutos: 2-3; 5-4; 6-6; 7-8; 7-11; 9-12 (descanso) 11-16; 13-18; 14-20; 18-21; 19-22; 21-23 (final).
Árbitros: García Sánchez y Murillo Castro. Excluyeron a los locales Rial y Carlos y a los asturianos Pablo Fernández, Marcos González, Luisma y Fidalgo.
Incidencias: Buena entrada en el Municipal.
Marinho, Toño (2), Alberto (6), Unanue (4), Arias, Chapela y Porto (1) -Siete inicial- Moreira (2), Rial (4), Carlos (1), Borja (1), Á. Pombo, Silva (2), Carlos Pombo y Fontenla.
Vallado, Ferni (2), Juanjo (3), Pablo (4), Ángel Paraja (1), Alejandro Fidalgo, Álex Costoya (5) y Pellitero (4) -Siete inicial- Gamallo (2), Luisma, Paraja, Javito (1) y David (1).