La mirada que atraviesa un siglo

Roi fontoira SANXENXO / LA VOZ

PONTEVEDRA

Antonio Bermúdez trabajó en Elcano y el «Azor» de la familia Franco

21 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Antonio Bermúdez -conocido entre sus amigos como Toñico-, es un hombre del siglo XX. Nació hace 87 años en Sanxenxo, pero un impetuoso espíritu viajero precipitó su ingreso como marinero voluntario en la Armada, con la que viajó por todo el globo. Su biografía es amplia y fascinante, pero él no quiere ser «un protagonista», prefiere observar la vida con humildad.

«En la Armada estuve en ocho barcos -relata- y uno de ellos fue el Juan Sebastián Elcano, donde me destinaron tras completar el curso de radiotelegrafista que realicé en Vigo». Corría el año 1944 y el Atlántico norte estaba plagado de tiburones de acero. «Aún no había acabado la II Guerra Mundial y teníamos que llevar una bandera española en cada costado para evitar ataques de los submarinos», recuerda. España era «neutral», pero «no se oponía al régimen de Alemania». Con el Elcano «solo podíamos atracar en puertos con buenas relaciones con España, como Colombia, Brasil o Ciudad del Cabo», señala. Tras su paso por el buque escuela, el Ministerio de Marina lo destinó a un «camión que acompañaba al Azor (yate privado de Franco)». «Trabajábamos como enlace de comunicaciones, desde el camión, y teníamos que estar pendientes de que no variase la frecuencia, para mantener así la comunicación». Y, a pesar de escuchar las conversaciones del dictador como rutina, «jamás» vio a Franco en persona.

Americano y «superlativo»

En 1954 llegó a Nueva York, puerta de entrada al vasto continente, donde completó su formación con un curso de electrónica -cuyos manuales aún guarda, como reliquias de tapas granates-. «Teníamos libres los fines de semana e íbamos a un pequeño club de conciertos donde tocaba siempre un trío de jazz», rememora. «Allí todo era superlativo -señala con excitación, recordando los gigantes platos de comida, los inmensos edificios, los atascos y las luces que coloreaban la noche.

Además, su instinto viajero le llevó en tren a San Francisco, un paseo de cuatro días que iniciaron en Chicago. «Ahora se viaja de otra manera, ya no ves nada, todo es autopista». Este enamorado de los paisajes, fotografió «todos los sitios que visité», asegura. «Compré una cámara de fuelles en Norteamérica, funcionaba muy bien, pero la perdí en Ferrol. Hoy sería una pieza de museo», comenta mientras le da el último sorbo al agua. Antonio Bermúdez, «cronista mayor de Sanxenxo» -como señalan sus amigos- hizo méritos con la publicación de Mis Recuerdos de Sanxenxo (2008), una personal visión del municipio a lo largo del siglo XX, el que tiene grabado en sus retinas.

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