Visitas guiadas diurnas y nocturnas y múltiples talleres acercan al público los petroglifos
21 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El ciervo, el señor del bosque, lo es también del Parque Arqueolóxico da Arte Rupestre de Campo Lameiro (PAAR). No solo porque su elegante figura corona con dos metros de envergadura uno de los grabados más emblemáticos del recién inaugurado entorno, la Laxe dos Carballos, sino también porque en la planta de este animal (su cola, su lomo y sus cuernos) está inspirado el diseño de la sala de exposición permanente del parque que es, además, en su esencia, el diseño del logo con el que se identifica ya el entorno. «Tiene una gran carga simbólica -cuenta el director del PAAR, José Manuel Rey-, porque de alguna manera ese ciervo te recoge, te recibe y te va guiando a lo largo de toda la muestra y poco a poco te va desvelando todos sus secretos».
Puede que los petroglifos encierren enigmas que nunca lleguen a desvelarse, pero Campo Lameiro se ha convertido ya en un referente para el estudio e investigación del arte rupestre, con un conjunto que es la joya gallega, y también para la divulgación al público de esta historia grabada en la piedra. Y lo está consiguiendo a través de múltiples iniciativas, como visitas guiadas diurnas y nocturnas, o talleres que ya le han reportado más de tres mil inquilinos en su primer mes de apertura, dentro del objetivo mágico de 80.000 al año que se marca la Xunta. «Si llegamos a esa cifra -añade Rey- tendrá una repercusión tremenda, no solo para Campo Lameiro, sino para los municipios del entorno».
Desde el centro de interpretación que alberga esa citada exposición didáctica sobre el arte rupestre, el parque se abre sobre una extensión de 22 hectáreas entre Praderrei y Paredes.
En el sendero adaptado para visitas, de más de tres kilómetros, están señalizadas una veintena de rocas con grabados (en total hay casi un centenar), agrupadas en nueve estaciones, que permiten contemplar las principales escenas y motivos de los petroglifos. Pero además, el PAAR cuenta con otros elementos que lo hacen todavía más atractivo, como la reproducción de un pequeño poblado de la Edad del Bronce para sentirse en la piel de los habitantes de una aldea de hace cuatro mil años. O también otra réplica del laberinto de Mogor, varias piedras que pueden palparse, una zona de merendero y cinco áreas de descanso.
«La idea es que el visitante pueda venir aquí a pasar el día -agrega el director-. Y es una oferta transversal, porque este es un espacio de interés para la gente a la que le gusta la arqueología en general, el patrimonio y el arte rupestre en particular. Pero también vale para aquellos a los que le gusta el paisaje, lo que es la arquitectura popular. Todos esos elementos los hemos ido incorporando a la visita».
El director visitó otros parques donde el arte rupestre ya está consolidado turísticamente. «Lo que más se aproximaba a lo que teníamos en la cabeza era el modelo nórdico, de Noruega y Suecia. Vinieron aquí y fuimos allí varias veces y tenemos una relación estrecha. Y son ellos los que están ahora como locos para ver cómo operamos, porque han visto cómo corregimos los problemas que tenían y mejoramos sus potencialidades».