Protección Civil de Sanxenxo intensifica su actividad en verano con cinco salidas al día
16 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Me olvidé las llaves dentro de casa, tengo una víbora en el jardín o hay un un coche volcado en la autovía de O Salnés son algunas de las emergencias dispares que el equipo Protección Civil escucha al otro lado del teléfono a diario, porque el verano es de descanso para todos menos para ellos, que dedican las 24 horas del día a socorrer a personas e incluso a atender animales.
Una población como Sanxenxo, que se multiplica por cinco en los meses de verano, obliga a que los 36 pares de ojos profesionales atiendan las demandas de ayuda. A los 18 integrantes del equipo de Protección Civil, el período estival suma 66 socorristas repartidos por todas las playas. Pero, ¿somos cuidadosos o damos trabajo innecesario a estos equipos? El jefe del servicio local de emergencias, Antonio Folgada, asegura que no hay dos días iguales, sin embargo, calcula que pueden salir una media de cinco veces al día, mientras que los vigilantes de la playa atienden a gente por millares. Solo en julio se produjeron 102 incidencias diarias, el 76% de ellas por picaduras de fanecas.
Mientras hablo con ellos, están tranquilos. Charlan, preparan los equipamientos por si una llamada de un particular -las menos ya -o una alerta del 112 los hace salir disparados a alguna emergencia. Se lamentan de que quizás haga falta una instalación con más espacio exterior -están encima de la carretera-, pero lo compensan con «una muy buena ubicación y los «núcleos urbanos a tiro».
Cerrajeros de emergencia
Folgada recuerda que este es un servicio «peculiar» porque están integrados los bomberos y Protección Civil. Ambos son profesionales. «Lo que más tenemos son accidentes, incendios forestales y aperturas de domicilios», explica el responsable del equipo. Esta última incidencia lejos de ser ocasional, asegura que se repite más de 60 veces entre junio y septiembre.
Antes de que alguien piense que aquí está la solución gratuita al despiste, que anoten junto a las llaves que estas intervenciones tienen un coste aproximado de 60 euros. Desde el 2003 están profesionalizados y guardan en su anecdotario un sinfín de curiosidades. «A veces tenemos que ir a sacar las gaviotas de los patios de las viviendas, los vecinos nos llaman, pero nosotros solo las sacamos con una manta», recuerda Folgada, quien bromea al recordar la llamada de una persona porque tenía una víbora en el jardín.
Pero a las anécdotas se suman también situaciones más tensas, como los accidentes de tráfico con excarcelaciones, los incendios «porque la gente está en situaciones de pánico» o las desapariciones, la última, la de una anciana de 91 años que salió caminando de Noalla y llegó a Cambados de madrugada, mientras el helicóptero, la Guardia Civil y la policía rastreaban la zona.
Poco tienen que ver con las habituales pérdidas de niños en las playas, que superan el medio centenar en verano. Y no es para menos en playas como Silgar. A veces es difícil de ver la sombrilla de rayas y lunares o la niña que grita mamá desde la toalla. Lo que se ve antes es la silla del socorrista, no por el color, sino porque su altura rompe la uniformidad de un día de sol en la playa urbana.
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