1Muchos pontevedreses se despertaron ayer con la alegría de saber que cuentan con un buen pellizco de euros más en los bolsillos. Y es que la Administración de Lotería número 7, ubicada en Loureiro Crespo (frente al antiguo cuartel de la Guardia Civil), repartió entre sus clientes habituales la cantidad de 180.000 euros, correspondientes al segundo premio del sorteo de la Lotería Nacional del jueves, que recayó en el 21.966. Del citado número se vendieron en el local, como explicó Ana Muiños, tres series (30 décimos premiados con 6.000 euros cada uno), pero además, la administración repartió otros 28.000 euros al tener el número anterior, del que se vendieron 6 series (sesenta décimos). En Radio Voz, Muiños indicó que la administración tiene ambos números permanentemente y en el caso del ganador «hay gente que lo lleva todo el año, todas las semanas». Así que ha tocado «absolutamente todo» a vecinos de la zona. «Hay gente joven, gente mayor... -añadió la lotera-. Y como en todos los lados, habrá gente más o menos necesitada». Y también agradecida: las trabajadoras de la administración endulzaron su jornada con los bombones que un anónimo agraciado les envió ya por la mañana.
Premios en Cambados
2Los ganadores podrán brindar este fin de semana con un buen albariño en la fiesta de Cambados, donde el jueves, por cierto, se entregaron los galardones Follas de Prata. Y ahí también hubo premiados pontevedreses, concretamente el director del Museo, Carlos Valle, «pola súa constante colaboración coas actividades que se desenvolven en Cambados» y el Centro de Recursos Educativos de la ONCE, que dirige José Ángel Abraldes «pola súa beneficiosa labor coas personas afectadas por deficiencias visuais».
Celebraciones
3Entusiasmado y a la vez «atenazado por el pánico», -pero no a causa de los zombis-, está el escritor Manel Loureiro, que confirmó en Facebook que será padre de un pequeño Manel en enero. Y felicitaciones a raudales recibió Antonio Blanco Espantoso, que se jubiló de la Diputación tras 41 años. El azar le ayudó en su llegada al organismo provincial en 1970, y pudo así deshacer la maleta que tenía lista para emigrar a Alemania. Políticos, compañeros y amigos le arroparon en Soutomaior en un homenaje en el que no faltaron regalos, como una cabritilla blanca y negra, un zurrón y una boina, que lució orgulloso, para no olvidar sus raíces estradenses.