Era la crónica de un cierre anunciado y una película destinada a no tener final feliz. La guardería Dálmatas cerró sus puertas, como había decidido Cáritas tras confirmar que no podía asumir su gestión, después de varias décadas y de ser pionera en la educación infantil en Pontevedra. Si el miércoles una fiesta organizada por los padres en la que estuvieron presentes muchos antiguos alumnos consiguió poner una nota alegre a la despedida, la de ayer fue una jornada triste, como señalaba la directora, Esther.
«Ayer estábamos más contentas, compartiendo todo en la fiesta, pero cuando han venido hoy a buscar a los niños... Buf, muy mal, ha habido muchas lágrimas, es que son muchos años y cuesta», señaló momentos después de recoger los últimos bártulos y echar la llave al centro de A Seca.
Solo quince de los 38 niños que atendía hasta ayer la guardería acudieron el último día, «porque los otros ya se despidieron con la fiesta», añadió la directora. Junto a ella, las otras dos profesoras, una técnica y una cocinera que trabajaban en la escuela se quedan con los buenos momentos disfrutados «y con todo lo que nos han dicho los padres estos días».
Desde Cáritas, José Anuncio Mouriño destacó precisamente la «amistosa» negociación llevada a cabo con la plantilla tras el cierre y destacó que será la nueva directiva de la oenegé en Pontevedra, presidida por María Jesús Prieto, la que tendrá que decidir ahora el futuro del local, viendo las necesidades de la entidad. Esperemos que contradiciendo el dicho, segundas partes sí sean buenas.