Cuando perro muerde a cartera

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

La Audiencia de Pontevedra sanciona al propietario de tres canes

28 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Que la enemistad entre perros y carteros es algo más que un tópico lo comprobó en sus propias carnes, hace ahora casi dos años, una repartidora cuando fue atacada por tres canes en la parroquia ponteareana de Cotarel. Faltaban escasos minutos para el mediodía del 28 de septiembre. La víctima estaba realizando su recorrido habitual por el lugar de Arnoso-Oliveira.

Y llegó al número 27. La cartera estaba introduciendo unas cartas en el buzón exterior de esta casa cuando la puerta de la vivienda se abrió. Raudos, y sin que la madre del propietario pudiese hacer nada, dos pastores alemanes y un tercer perro «más pequeño» se abalanzaron sobre la empleada de Correos y Telégrafos.

Los animales rodearon a su víctima, quien terminó con mordiscos en el tobillo derecho y en la nalga izquierda, lesiones de las que «tardó en curar treinta días». Además, y a modo de secuela, en su muslo izquierdo le quedó una mancha hipercrómica en forma de U asimétrica.

A consecuencia de todos estos hechos, el propietario de los perros fue condenado por la Audiencia Provincial de Pontevedra al pago de una multa de cien euros como autor de una falta contra los intereses generales. En cuanto a la indemnización, los magistrados pontevedreses la cifraron en trescientos euros.

Recurso sin fructificar

Lo cierto es que el recurso que interpuso la defensa contra la resolución inicial no fructificó. Si el abogado del ahora condenado alegó «error en la valoración de la prueba», la Audiencia sostiene que el testimonio de la víctima es suficiente «para enervar la presunción de inocencia».

En este sentido, reseña que el denunciado «no ha practicado prueba alguna (...) que acredite la veracidad de su declaración o cuanto menos haga dudar de que los perros que atacaron [a la víctima] no eran de su propiedad». De hecho, refiere a modo de indicio que el propio encausado «se interesó telefónicamente por el estado de salud» de esta última.