Isidro Lago hijo relata una anécdota con una bicicleta que le montó su padre, «exactamente igual a las del equipo profesional de la Once, una de las primeras de fibra de carbono, que me duró exactamente 33 días». Cuando la llevaba perfectamente colocada en la baca del coche, a 200 metros de su casa, en Poio, oyó un ruido y «por el retrovisor vi que mi bicicleta iba dando botes por la carretera y al parar, la otra parte estaba colgada de un cable de teléfono».
La Guardia Civil de Tráfico levantó atestado y comenzaron las negociaciones con Telefónica. Después de muchas llamadas «me dicen que le mande la factura. Yo le mando 35.000 pesetas del coche, y 350.000 de la bicicleta». «Enseguida me contestan que me habría confundido y que sería al revés, y yo les digo que no. Vinieron expresamente dos peritos de Madrid, se llevaron la bicicleta, pero acabaron pagándomela». «En aquella época era una bici preciosa y muy buena, que costaba 500.000 pesetas. Hoy en nuestra peña, las hay de 8.000 y 9.000 euros», señala Isidro.