Uno de Gila

La Voz

PONTEVEDRA

La mala fortuna que rodea al Pontevedra esta temporada no hace sino empeorar. A la caída de su cúpula y a sus apreturas financieras le siguen unas bajas posiciones en la tabla que hacen peligrar su permanencia en Segunda B. Por si no bastara, sus jugadores caen como moscas lesionados o enfermos, hasta el punto de que el domingo pueden encontrarse sin porteros. Como el chiste de Gila: «El día que nací, mi madre no estaba en casa». Más vale reir.