Dos de los casi 4 millones

ramón capotillo PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

La policía desaloja a una pareja del kiosko de la Alameda

18 ene 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Sandra Vidal era peluquera, José Portas, albañil, y vivían en un pisito alquilado en el barrio de Monteporreiro donde compartieron cuatro años de amor y sueños.

El comienzo de su historia es como la de otros casi 4 millones a los que la crisis les golpea inmisericorde.

Hace un mes que los sueños se quedaron olvidados en la vivienda que abandonaron tras agotarse la prestación por desempleo y no poder pagarla, pero todavía les calienta el amor. Con los albergues abarrotados en Navidad, desesperados sin ningún sitio donde poder quedarse, la pareja decidió establecer su residencia en el kiosko de la música de la Alameda. Ahí sobrevivieron a los últimos temporales y a la ola de frío que congeló a la ciudad. Y hasta tomaron las uvas de fin de año subidos al palco a ver si en algo cambiaba su suerte.

«Pusimos un plástico a lo largo para resguardarnos de la lluvia. Nos lo dieron fiado en una ferretería, pero un día al volver de comer de San Francisco, se lo habían llevado», comenta la ex peluquera resignada.

Aseo en el ambulatorio

Hoy les ha pasado lo mismo. A las 11 de la mañana, mientras se aseaban en el baño del ambulatorio Virxe Peregrina, operarios de Cespa y agentes de la Policía Local retiraban los cartones que conformaban su improvisado hogar. Al regresar, encontraron sus enseres cuidadosamente apilados y a un operario pasando la manguera a las instalaciones que ocupan. Les costó, pero al fin entendieron que aquel hombre solo cumplía con su trabajo.

«Tendremos que volver al súper a por más cajas», dice José, sin intención de abandonar su refugio. Escuchándolo parece que esta pareja ha convertido la resignación en una cualidad para sobrevivir, aunque sea el lastre que les hunde en el pozo de la marginalidad. «Es muy duro estar aquí ?se queja Sandra, abrazada a José?. Tengo que dormir con cinco cazadoras y nunca sabes lo que te puede pasar. El otro día, a las 6 de la mañana, un hombre intentó acosarme haciéndose pasar por policía; nos han robado varias veces y ayer desperté y había un yonki chutándose al lado».

Ellos juran que están limpios, que no se meten en nada, aunque prefieren que los cartones de tretra brick no salgan en la foto. Declaran que todas las mañanas cogen el tinglado de plásticos y cartones y lo dejan todo limpio hasta la noche. Pero los vecinos no opinan lo mismo y protestan cuando Sandra airea su colada frente al palacio de la Diputación.

«Y si nos echa de aquí, ¿a dónde iremos?», se preguntan. «Por una habitación te piden 180 euros, más un aval y ¿quién nos va a avalar? Buscaremos unas galerías para estar los dos juntos».