Los más de dos años que han transcurrido desde la prohibición del botellón en el centro histórico y de su traslado al recinto ferial, arrojan un saldo más que satisfactorio para los responsables municipales y, sobre todo, para las personas que residen en el entorno del Campillo de Santa María.
El pasado verano, en el segundo aniversario de la entrada en vigor de la ordenanza, los vecinos de esta zona reconocían que su vida ha cambio de forma radical en muchos aspectos.
«Aquello [el botellón] era insostenible a todos los niveles, de salud vecinal, de deterioro del patrimonio histórico e incluso de higiene y salubridad», relataba la presidenta de la Asociación de Vecinos de Santa María, Pilar Señoráns. «Nuestra vida estaba completamente condicionada, tanto para levantarnos como para acostarnos, para pasear, para entrar y salir de nuestras casas y de nuestros garajes. Sabíamos que a partir de las nueve de la noche ya no podías acceder en coche a tu domicilio y si lo hacías andando tenías que hacerte paso en los grupos de jóvenes y hasta pedir permiso», comentaba.
A Señoráns no le cabe duda de que la ordenanza que aprobó el Concello en el 2008 fue «una salvación para los vecinos».
Menos peleas
El balance es también positivo para la Policía Local, que ha constatado una drástica reducción de las peleas que se registran en el centro histórico, que sigue siendo escenario de la movida de ocio nocturno.
Pese a que existía el temor inicial a que cualquier cambio de emplazamiento del botellón pudiera derivar en su multiplicación, dispersión o descontrol del problema, lo cierto es que los hechos han echado por tierra las previsiones más pesimistas.
Previamente a la elaboración de la ordenanza, el entonces concejal de Protección Ciudadana, Guillerme Vázquez, inició una ronda de consultas en la que se dio voz tanto a los afectados, los vecinos, como a los protagonistas, los jóvenes.
La normativa fue aprobada finalmente por unanimidad por el pleno municipal, entre los aplausos de los vecinos que levaban años sufriendo los excesos delante de sus casas.