Decenas de personas mayores de 55 años participaron ayer en un seminario
08 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Muchos llegaron sin casi saber ni encender el ordenador y otros con los conocimientos de un usuario bastante avanzado. Pero todos, mayores de 55 años, con un mismo objetivo: aprender las ventajas de usar el DNI electrónico.
Decenas de pontevedreses se pusieron ayer bajo la batuta de Miguel Regueira, responsable de las ciberaulas de Caixa Galicia. De un modo directo y ameno, consiguió transmitirles que instalar y usar un lector de DNIe es mucho más sencillo que conseguir sacarlo de su envoltorio.
Eso sí, a la hora de instalar los drivers del CD, tuvo que recordar a más de uno que la parte serigrafiada tiene que colocarse hacia arriba, al tiempo que atajaba con un contundente «como conductores de diligencia no tenéis preciso» la impaciencia con la que unos y otros querían empezar. A este respecto, Regueira reconoció que los adultos se enfrentan a las nuevas tecnologías como si fuera la televisión: «Quieren cambiar de canal y que el canal salga ya. Y no es así. Hay una serie de pasos», como ayer comprobaron los que participaron en los seminarios organizados en el Café Moderno.
La ansiedad, sobre todo, se percibe en los recién llegados. Sara Fernández es posiblemente una excepción. A pesar de reconocer que «yo en ordenadores no estoy nada preparada», no mostró ningún signo de impaciencia. Tal vez, lo llevaba por dentro, ya que creyó que «era mucho más complicado. Llegué un poquito nerviosa pero cuando lo vi aquí... Es muy fácil».
Su caso es el de muchos de los que asisten a estos cursos. En su casa, el ordenador lo tiene su hijo y «es el que me hace las operaciones. Vengo para tener una idea y aprender algo».
¿Hijos y profesores?
En este punto, Miguel Regueira mantiene que, en ocasiones, el que un hijo trate de enseñar a manejar un ordenado «más que una ayuda es una traba». «''Pero si esto es muy fácil'', cuando enseñarle a un padre, a un tío, a un abuelo... es difícil porque tienes poca paciencia».
Dos son los problemas con los que habitualmente tiene que lidiar Regueira en su clase: el desconocimiento que tienen los asistentes de lo que es el DNI electrónico y la instalación de los lectores. Lo cierto es que, a medida que avanza la sesión, uno acaba comprendiendo que «hay más miedo escénico» que otra cosa cuando el iniciado se coloca ante la pantalla.
Es lo que, al parecer, le pasó a María Jesús García Calvo, quien, aunque «al principio te lías un poco», luego «te vas apañando». Esta pontevedrés fue una de las que más convencida salió del curso. De hecho, su mente ya estaba pensando en donde podría aplicar los conocimientos que acababa de adquirir, ya fuera «la declaración de la renta o pedir alguna cita con el médico. En fin, ya lo pensaré»
Todos coinciden en que, una vez conocido, todo lo que rodea al DNI electrónico termina por demostrar que su manejo es relativamente sencillo. Aunque, claro está, «todo tiene su retranca». Quien mejor lo puede saber que alguien como Onésimo Vázquez. En su caso, a parte de asistir a clases, es voluntario en el Fogar do Maior, donde transmite sus conocimientos adquiridos de informática o Internet a otras personas.
El mensaje que lanza este pontevedrés es claro: «No sobra nada. La tecnología avanza a tal ritmo que...».
A su lado, José Carlos Fernández también demostraba una cierta pericia en lo que es manejar el ratón y el teclado, gracias a las «clases que me foron dando aquí», si bien reconocía que hasta ahora nunca habían utilizado las ventajas del nuevo documento de identidad. Tras este primer acercamiento a esta innovación, su conclusión: «Véxoo facilísimo. É sinxelo de todo, seguir as instruccións que ten e nada máis».
La tarta de queso
Nada más terminar el seminario en el Café Moderno pontevedrés, Miguel Regueira se despide de sus alumnos con ese toque de humor que los gallegos han hecho parte de su identidad: «Esto es muy fácil. Sé que vais a llegar a casa y lo vais a intentar hacer, y no vais a poder».
Es lo que tienen las nuevas tecnologías, que uno no las domina hasta que no prueba y repite los mismos pasos una y otra vez. Es por ello que invitó a todo aquel que tuviera dudas en un futuro a que se las transmitiera para resolverlas. Eso sí, «más difícil es hacer una tarta de queso».