Hubo un tiempo en que los porteros de fincas urbanas, también llamados conserjes, eran imprescindibles. Pero poco a poco han ido desapareciendo de las comunidades de vecinos a medida que se fueron implantando los videoporteros y contratando a empresas de servicios de limpieza y mantenimiento de inmuebles. Santiago Fontán ejerció durante 37 años este oficio, hoy casi excepcional, en el emblemático edificio del Malvar de la calle García Camba, y acaba de jubilarse. Fueron muchos años de trabajo, que la comunidad de propietarios le agradeció ayer con una fiesta sorpresa de despedida. Se celebró en la tapería Veracruz, un local del que él es asiduo, y resultó muy emotiva. Para Santiago, el Malvar ha sido, además de su trabajo, su casa, por lo que la relación con los vecinos ha sido muy estrecha, incluso más allá de su jornada laboral. En la fiesta de jubilación le fue entregada como recuerdo una placa de plata con el reconocimiento a su buen hacer.
El edificio del Malvar tiene 65 años de historia y Santiago Fontán vivió la época en la que albergó en su patio de manzana el teatro-cine más emblemático de la ciudad. Se clausuró a mediados de los años noventa y hasta entonces los vecinos del inmueble compartieron la galería de entrada a las viviendas con los usuarios de la sala cinematográfica. Cuenta que empezó a trabajar en esta comunidad de propietarios un poco por casualidad. «Justo acababa de terminar en otro empleo y me ofrecieron esta oportunidad». Recuerda cuando todavía existía la caldera de carbón, «que daba mucho trabajo», y también cuando estaban en el edificio las oficinas de Tráfico, «de las que no paraba de entrar y salir gente». En su opinión, la función de un portero o conserje es en la actualidad más fácil y rutinaria que antes. Él se ocupaba fundamentalmente del mantenimiento, la conservación y limpieza de las zonas comunes y en caso necesario de llamar a los técnicos para resolver averías importantes. Seguro que lo echarán de menos. Fusión de música y vinos. Y de una fiesta a otra. El circuito de fusión de música y vino de Alma Atlántica recaló ayer en el Palacete de las Mendoza, sede del Patronato Turismo Rías Baixas, donde se celebró una fiesta organizada por el Café Gloria. La velada consistió en una cata comentada de los tres vinos de las bodegas de Martín Códax comercializados bajo la denominación de Alma Atlántica, Mara, Anxo y Alba. El primero es un godello, el segundo un rosal que tiene albariño, loureira y caíño, y el tercero es un albariño cien por cien del Salnés. Y que mejor para acompañarlos que unos buenos aperitivos y un ambiente agradable con música de jazz del grupo Swingpool, que actuó en riguroso directo durante la degustación.
El turismo enológico está en alza y en esta zona hay establecimientos de hostelería punteros. Sin ir más lejos, el comparador de precios de hoteles www.trivago.es acaba de publicar un ránking con los hoteles mejor valorados en su red social para hacer turismo enológico y entre ellos está la Quinta San Amaro, en Meis. Lo recomienda no solo por sus instalaciones y su buena comida, sino también por su ubicación en el valle del Salnés, cuna del albariño, y por las posibilidades de ofrece para hacer excursiones por las bodegas y playas de las Rías Baixas.