Los padres y la hija menor se dedican a la pesca tradicional en la ría de Vigo. Empezaron juntos y ahora ya tienen cada uno su propia embarcación
20 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Paloma, Dos Gemelas y Pichón son los nombres de las tres embarcaciones de Juan Carlos Fernández, su mujer, Begoña Barbosa y su hija, Tania Fernández, respectivamente, con las que se dedican a la pesca de la anguila en la ría de Vigo, con Arcade como puerto base.
Begoña, que es también tesorera de la Asociación de Naseiros Alvedosa, explica que ni ella ni su marido tenían ningún antecedente familiar que trabajara en el mar, pero sí vecinos de Vilaboa, donde viven.
El primero que se introdujo en el mundo de la pesca fue su marido, tras haber estado trabajando en otras actividades y quedarse sin empleo. Comenzó con unos vecinos y luego compró a Paloma, un barco de poliester. Begoña salía con su marido, para echarle una mano, y acabó adquiriendo su propia embarcación, en este caso tradicional, de madera, y de nombre Dos Gemelas. «O nome xa o tiña cando a merquei, e non llo cambiei. Agora xa levo uns doce anos faenando soa», explica entre risas.
Y la menor de sus hijas -«a outra non quere saber nada disto»-, Tanía, también siguió el oficio de sus padres. «Empecé a los 17 o 18 años, en el barco de mi padre -dice-. Además, coincidió que él había tenido un accidente y yo salía con mi madre para ayudarla. Me gustó y estuve un año con ella».
Comentan que comienzan a trabajar sobre las 6.30 de la mañana, y que regresan a puerto entre las doce y media y la una de la tarde. Sueltan el aparejo el lunes temprano y lo tienen que retirar el viernes a mediodía, para dejar la zona totalmente libre. El único mes que no faenan es diciembre, aunque ahora están algo preocupados porque la Unión Europea quiere limitar la pesca, «aínda que o ano pasado collimos máis kilos que nunca», subraya Begoña. «Pero como por outros lados escasea pois andan dándolle voltas a parar».
Sobre la dureza del oficio, madre e hija coinciden en afirmar que los madrugones también se los tendrían que dar si trabajaran en otras empresas en tierra. Begoña apunta que «vivir desto, vívese, pero no inverno, co mal tempo, sí que é duro». Por su parte, Tania apunta que «todo es duro, porque yo, después del primer año lo dejé y estuve trabajando en varias empresas, pero al final volví al mar e incluso me compré un barco, una planeadora de poliéster, como la de mi padre, de casi 5 metros, que me costó 45.000 euros». Sin embargo, le gusta más la embarcación de su madre «porque es más cómoda para trabajar e incluso más amplia por dentro».
Licencias
Sobre el precio de la nave explica que es elevado «porque no hay nuevas licencias para la anguila y tienes que esperar a que algún naseiro se jubile o deje su trabajo para poder pescar con el barco. Para marisqueo sí que hay algunas licencias, pero para la anguila, no».
Además de a la anguila, también van al marisqueo, a la almeja, y los padres, a veces, a la sardina.
Una ventaja que destacan de su actividad es que siempre saben lo que van a sacar, porque el precio de la anguila es fijo durante todo el año. Está a 10 euros más el IVA el kilo. En cuanto a la cantidad que pueden obtener, varía mucho: «Un día podes coller dous kilos e outro vinte». Al llegar al muelle, dejan el pescado en la cofradía, que incluso cuenta con unas piscinas para tenerlo a buen recaudo, «pois non sería a primeira vez que o roubaran no muelle». Los compradores van ellos hasta allí a buscarlas.
Ahora ya piensan en la Festa da Anguía que se celebra el primer fin de semana del próximo mes de julio y que organiza la Asociación de Naseiros Alvedosa. Por cierto, que a Begoña como más le gusta es guisada, con pimiento picante y patatas. Una auténtica delicia.