Un deporte muy pedagógico

Chelo Lago

PONTEVEDRA

Padre e hijas practican las carreras de orientación, una actividad poco extendida, pero que permite alcanzar una gran autonomía personal

28 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

José Antonio Ricoy es un apasionado de las carreras de orientación. Un deporte que tiene su cuna en los países nórdicos y que para los niños, dice, es como la búsqueda del tesoro. Practicó el fútbol y el atletismo y se inició en el mundo de la orientación hace unos veinte años, a través de unos cursos de formación para el profesorado y acabó enganchándose a esta actividad que practican muchos militares. «En Pontevedra, un 90% é xente do cuartel de Figueirido».

Empezó a indagar en Internet y dio con el club A Roelo, de Pontevedra, ahora integrado como sección en el Club Montañeiros. «Contactei coa persoa que o levaba, Manuel Varela, e empecei a ir as carreiras. Logo xa me metín en competición da liga galega e como me gustaba, fun a probas da liga nacional e campionatos de España. Tamén imos a probas da liga portuguesa, que hai moita máis tradición. Eu vou correndo pero tamén hai probas en bicicleta que é moi divertido, pero en Galicia non se fan polo que hai que ir a Portugal. Nesta liga 2010 temos previsto facer unha no Barco de Valdeorras».

El deporte consiste en hacer un recorrido pasando por unos controles señalados en un mapa. Los participantes en cada categoría salen en intervalos de tiempo y se enfrentan al mapa, brújula en mano, solos. Deben elegir el camino más adecuado conforme a la orografía, teniendo en cuenta las curvas de nivel y la escala del mapa, para trasladar a metros las distancias del papel. Gana el que haga correctamente el recorrido en el menor tiempo. Y hay muchas modalidades, además de la clásica en el monte, con pruebas en parques, nocturnas y hasta de relevos.

Es una actividad ideal para practicar en familia, sin competir. «Non é raro ver a xente facendo as probas paseando, incluso con cans ou con carriños de bebés, e aproveitan tamén para coller setas o disfrutar da natureza», comenta.

Como profesor de Educación Física piensa que «é o deporte que aporta máis a nivel pedagóxico» y no para de hablar de sus ventajas como «o contacto ca natureza, aprender a manexarte cun mapa, a interpretar as curvas de nivel que te sirven para calcular as pendientes e elexir o camiño máis fácil, coñecemento da vexetación, da topografía, control da escala, porque a distancia vai en función da escala, tanto corremos en 10.000, 15.000 ou en 5.000, e tes que darte conta que un centímetro no papel son 100 metros na escala 10.000 ou 150 en 15.000... Son cousas que tes que facer durante a carreira, cando vas canso e cóstache máis pensar, estás só no monte e todo iso, unha vez que estás acostumbrado, aporta unha grande seguridade en ti mesmo». Esa pasión por la actividad hizo que tratara de que sus hijas siguieran sus pasos.

Y lo hicieron. La mayor, Andrea, ganó ya varios campeonatos de Galicia y ligas provinciales y gallegas en categoría escolar, y ahora acaba de dar el salto a la categoría Damas 20, compitiendo con jóvenes hasta 20 años. Es asidua también a la selección gallega y participó en varios campeonatos de España, aunque renunció a algunos porque le coincidía con algún viaje a Inglaterra a practicar el idioma.

Para ella, lo mejor es ganar, «cuando ves que te vas haciendo con el mapa y que puedes ir avanzando en categorías es cuando le coges el gusanillo y quieres seguir». Y lo más frustrante «abandonar o acabar la carrera y no tener picada la tarjeta, con lo que te descalifican». Porque cada corredor lleva un chip o una tarjeta que tiene que pasar por cada control. Pero si entra mal en alguno y no queda registrado, automáticamente es descalificado al llegar a la meta.

Recuerda un abandono «en los Picos de Europa, una carrera muy dura y larga, con mucha niebla». Ella compite en un nivel muy alto para su edad, en el recorrido 5 -hay hasta los niveles 7 u 8, dirigidos a la élite-. Sobre su nueva categoría comenta que «al principio estaba asustada, pero ya llevamos una carrera y como me salió muy bien -la ganó-, adquirí seguridad».

Su hermana Sara empezó con su padre, porque no pueden competir solas hasta los 12 años. «Me llevaba a las carreras más cercanas y me enganché corriendo con él». Este año está apuntada a la liga del deporte escolar y confía en poder hacer alguna carrera. Su padre apunta que dentro de dos años y dado el control que ya tiene, podrá participar en solitario sin problemas, a lo que ella asiente. Su pasión por esa actividad no la comparte su abuela, que es de la opinión de «que no se debe ir al monte sin necesidad», comentan riendo.