Celso Méndez participó en la recuperación del Enterro da Sardiña de Marín y sigue acudiendo en la comitiva, en la que también participan sus hijos
31 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Celso Méndez Fraguas es un histórico de los carnavales de Marín, no en vano se implicó desde el principio en la recuperación del Enterro da Sardiña en el año 76 del pasado siglo. «Ao morrer o outro, (por Franco) xa en febreiro saímos, cos vellos que nos ensinaron de que iba», recuerda.
Esta popular manifestación del entroido marinense viene de antiguo. De hecho, la letanía ya se leía en la década de 1890, según le consta a Celso Méndez. La Guerra Civil truncó esta fiesta al igual que otras muchas.
Fue el Ateneo Santa Cecilia, presidido entonces por Pili Calviño y en donde estaba Celso Méndez, el encargado de recuperar esta tradición. Para ello, se apoyaron en los recuerdos de otros históricos como «o señor Molas, o pintor Torres ou o avó de Pesqueira, que nos deron ideas de como se celebraba e retomamos a festa».
Los primeros años de la nueva etapa del Enterro da sardiña se los pasó en las tareas organizativas, sin participar directamente. «Era moito choio, e desde o ano 80 estou na banda de música que acompoaña á sardiña, de flautista».
A nivel organizativo reconoce que era muchísicmo trabajo y que además «a xente non te facía nin caso, porque eran moitos miles de persoas as que viñan e non había maneira». «O primeiro ano foron cen os que participaron, logo trescentos e despois viña toda Pontevedra e de todas partes a Marín porque era o que había». Recuerda con indisimulado orgullo que «O Ravachol non existía. De feito, o seu enterro se fixo en venres porque o da sardiña era o mércores».
Cachondeo serio
El entierro de Marín era muy especial y multitudinario. «Era unha procesión de Semana Santa, a do Venres Santo, pero calcada, non un desfile como en Cangas ou o do loro. Eiquí era unha procesión, con velas polos lados, autoridades e representantes eclesiásticos, era cachondeo serio, por iso está visto daquela maneira por certa xente...»
Reconoce que últimamente perdió mucho de su esencia y de su tirón porque la gente, especialmente los jóvenes, participan menos. «Somos sempre os mesmos, que imos tendo anos. Temos xente fixa, como o bispo ou o panadeiro, que seguen no papel, pero non hai maneira de encontrar xente nova. Non están pola labor de aguantar unha hora en silencio e prefiren o follón e o cachondeo. É unha pena pero que en uns anos non quedará nada...», reflexiona con pesimismo.
En el declive de esta manifestación popular también están de acuerdo sus hijos y uno de ellos, apunta que no ser festivo ese día tampoco ayuda. Adrián lleva participando activamente en el carnaval de Marín desde muy pequeño. «Empecé con una comparsa de niños, que se llamaba Los Pitufeiros, y cuando se deshizo, ya me metí con el enterro, hace 18 o 19 años».
Como su padre y su hermano, participa en la banda que acompaña en el sepelio al pescado y también dice que cuesta bastante encontrar a gente. «Lo estamos viendo ahora, que tenemos que ensayar para salir a tocar y la gente no quiere comprometerse». Los hijos tocan el tambor y el padre, la flauta travesera.
El menor, Cibrán, cuenta que le gusta el entroido y que con 4 o 5 años ya andaba por el medio del desfile. Ahora, además, es el rey del entroido marinense, Don Dego.
«Hace cuatro años que hago de rey, y salgo el domingo de carnaval, acompañando al pregonero». Por lo menos, no pasa frío, «porque voy vestido como un monarca medieval».
Celso Méndez, para abundar en la falta de relevo generacional, comenta que la veterana comparsa Xarangallo Mangallo, de la que forma parte desde los años 80, también va a desaparecer este mismo año. «Fundouse no ano 1963 e a última aparición farémola no enterro de Ravachol, en Pontevedra, que sempre imos cantarlle ao loro. A xente vai maior e non se pode seguir sen relevo», sentencia.