Aunque quedan 18 meses de mandato, parece imposible que los tres partidos sean capaces de suscribir algún acuerdo
17 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Que Pontevedra tiene una carencia enorme en cuanto a grandes infraestructuras es algo que nadie puede discutir. Que es la única capital de provincia sin circunvalación, que no tiene una conexión directa y libre de peaje con la Meseta, que carece de soluciones que alivien el tráfico en el casco urbano... Son algunos de los argumentos que los pontevedreses llevamos años escuchando sin que nadie hasta ahora haya sido capaz de poner solución.
El actual mandato municipal, que arrancó en el 2007 y acaba en el 2011, estaba llamado a ser «el de las grandes infraestructuras viarias». El gobierno bipartito prometía dar la batalla con proyectos como el puente de As Correntes, la circunvalación, la autovía a Vigo, la mejora de la PO-531, la reforma de la carretera a Ponte Caldelas, la llegada de la alta velocidad, el traslado del nudo de la autopista, el nudo de O Pino, la humanización de las entradas a la ciudad, el desdoblamiento de la avenida de Vigo...
La cartera de proyectos pendientes era numerosa. Y lo sigue siendo, ya que el problema de las grandes obras es que requieren una tramitación farragosa y muy larga, y su ejecución lleva todavía más tiempo. Por eso es difícil ver avances, aunque es cierto que los hubo, como el convenio firmado con Fomento para impulsar buena parte de las obras.
Solo una firma
Pero al margen de la firma del ministro, José Blanco, y el alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores, sobre un papel, los pontevedreses no han visto todavía obras. Y eso se va a convertir en el eje del debate político local hasta las elecciones de dentro de 18 meses.
El PP dio una muestra esta semana, cuando su portavoz, Telmo Martín, imploró la creación de un frente común de los tres grupos para pedir más celeridad a Fomento con los proyectos pendientes en Pontevedra. Al margen de que justo al día siguiente el ministerio adjudicaba una de las obras más esperadas, la reforma del nudo de O Pino, la respuesta del gobierno municipal no se hizo esperar: rechazo total a cualquier atisbo de acuerdo con el PP. De hecho, es lo que llevan haciendo BNG y PSOE desde que se inició el mandato. Se cuentan con los dedos de una mano los casos en los que hubo sintonía entre gobierno y oposición y ahora, cuando se va acercando la cita con las urnas, menos los va a haber. «No vaya a ser que el PP al final pretenda colgarse alguna medalla que no le corresponda», pensará más de uno.
Los consenso son buenos, unir fuerzas por encima de intereses partidistas es la forma más sana -para los ciudadanos- de hacer política. Pero, por desgracia, sigue siendo la excepción. Y eso no va a cambiar, gobierne quien gobierne.