Los comuneros advierten de que en Galicia hay suficiente eucalipto para abastecer a Ence

PONTEVEDRA

La Organización Galega de Comunidades de Montes advirtió en su última reunión con el comité de empresa de Ence de que en Galicia hay más de 300.000 hectáreas de eucalipto que daría para abastecer a Ence por partida doble. El comité de empresa denuncia que la llegada de madera desde el Congo (la semana pasada atracó un barco con 40.00 kilos de astillado) afecta al ritmo de trabajo en el parque de madera y perjudica al sector gallego, que no puede competir en precios.

Los productores se niegan a vender el material por debajo de su coste, pero cuando el stock rebasa los montes de Galicia se ven obligados a deshacerse de él a cualquier coste, incluso un 25% menos de lo habitual. Ence rechaza este estrangulamiento económico y recalca que la importación de madera es solo «un pedido puntual y descarta que vayan a venir más barcos desde el continente africano». Sin embargo, queda patente que la situación del sector atraviesa momentos delicados y el parque de maderas es el primero en notarlo. Hoy, mañana y el 27 permanecerá cerrado para ajustar la producción de astillado. Hasta ahora los tres turnos de este área no descasaban ni fines de semana ni festivos. El secretario de los comuneros, Claudio Quintillán, advierte de que «hay gente que vende a cualquier precio y quien puede aguantar lo está haciendo pero en Galicia tenemos material de sobra para abastecer dos o tres plantas».

Pero las pretensiones de los comuneros están encaminadas a profesionalizar el sector y colgarle el adjetivo de «estratégico» para poder recibir ayudas en épocas de vacas flacas como las actuales. Desde Galicia miran de reojo a Portugal, dónde ya han dado el paso y recibe subvenciones para mantener un precio de la madera competitivo.

«Habría que analizar las fábricas de Huelva y Navia porque en ellas hubo una inyección económica para duplicar la producción, mientras aquí se está trayendo material de fuera», explica Quintillán. Para los comuneros esta política empresarial vislumbra un futuro negro a corto plazo para la pastera de Lourizán: «Para nosotros tiene los días contados y no creemos que su futuro vaya más allá de cinco o seis años».