No fue coincidencia que Marta Sánchez estuviera ayer en Sanxenxo sin Carlos Baute. Después de todo, la estrella invitada era la diva del pop y no su pareja de escenarios. La cantante con raíces coruñesas llegó ayer poco después de las once de la mañana a la villa turística de las Rías Baixas en la parte trasera de un Audi negro para grabar un programa que se estrenará el próximo año. «Esto es Sangenjo». Así presenta Marta Sánchez la villa en la que pasó sus vacaciones de verano cuando era niña y ya rozaba la adolescencia. «Es un pueblo muy bonito», añade, después de observar la fachada de Sanxenxo desde el paseo marítimo, con la tradicional villa marinera de Portonovo a su espalda.
A metros de la escultura de la Madama.
Los primeros momentos de la grabación sobre las épocas estivales más entrañables de la ex del grupo pop Olé Olé se inmortalizaron en el mirador del paseo de Silgar, a la altura de la escultura de la Madama. «Este es el pueblo en el que pasaba mis veranos y aunque hay lugares que no conozco os voy a contar los lugares que sí conocí. Aunque ha cambiado mucho».
Un camarero de A taberna da Madama no pudo evitar lanzarle un mensaje a la diva al comprobar que era ella en carne y hueso. «Oyes Marta, ¿no quieres tomar un café? Aquí tiramos los cafés mucho mejor que en A Coruña». La cantante sonrió y le dijo que luego se pasaría por allí. El orgullo del hostelero por su café pronto se disipó al pensar que lo mejor sería utilizar la vía de la diplomacia. «¿Me das dos besos?» Ella dijo sí y el profesional de la bandeja corrió como un adolescente para estamparle dos, uno por mejilla.
De compras y paseando con su madre por los puntos neurálgicos del turismo sanxenxino.
Fue amor a primera vista. En el rodaje del programa de la TVE en 2010 y titulado Volver con, Marta Sánchez entró en la tienda de complementos Meigallo ubicada en Silgar y al ver unos guantes de lana de color marrón no tuvo dudas. «Estos guantes le encantarán a Paula», su hija. Además, es un regalo a precio de saldo, 2,99 euros. A las puertas de la franquicia de bisutería y regalos, varios viandantes sacaron fotos con ella desde sus teléfonos móviles.
No cantó una de las canciones más comerciales del año, pero sí la tarareó una niña de tres años que estaba de vacaciones en Sanxenxo. La madre de la pequeña no se podía creer que acababa de encontrarse de frente a Marta Sánchez. Luego, la artista disfrutó de una comida en el Restaurante Rotilio para hablar de su peculiar apetito cuando era niña. Hoy acaba el rodaje.