Un lenguaje universal

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

Cuatro días después de la festividad de Santa Cecilia, patrona de la música, Caixanova ha programado un nuevo concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG) dirigida por su titular, Víctor Pablo Pérez, contando con la estimable colaboración de Julian Rachlin (viola y violín), que han ofrecido un variado programa en el que quedó de manifiesto que la música es un lenguaje universal y que los compositores de la minuta del programa han conformado un auténtico Babel de nacionalidades, algo que también concurre con la plantilla de la OSG. Así y por orden de interpretación, hemos escuchado obras de varios compositores: español, húngaro, alemán, brasileño y ruso.

Por un lamentable error en la imprenta, los asistentes al concierto estuvieron privados del programa de mano, algo fundamental para el seguimiento del mismo. El concierto se inició con la obra Hércules y Cronos, del compositor madrileño José Luís Turina: breve página escrita para instrumentos de viento-metal y percusión (3 trompetas, 5 trompas, 3 trombones de varas y tuba, amén de diversos instrumentos interpretados por 4 percusionistas); obra minimalista y potente, moderna y tonal, de gran textura sonora, que alcanza los registros más profundos de los trombones y que fue estrenada por la propia OSG, bajo la dirección de Víctor Pablo, en el mes de agosto del año pasado en la Plaza de María Pita de A Coruña; compuesta en conmemoración del 800 aniversario de la concesión del título de ciudad a la capital herculina. Curiosa e interesante partitura, cuya interpretación fue muy aplaudida por el público.

Le siguió la obra póstuma del compositor húngaro Bela Bartok: Concierto para viola y orquesta, en la que intervino como solista el oriundo ruso Julian Rachlin, que nos dejó saborear en toda su pureza el sonido de la viola, instrumento poco favorecido por los compositores en el género del concierto. Fuerza, vitalismo, unción y virtuosismo, fueron características apreciadas por el solista, muy bien arropado por una amplia formación orquestal que bajo una buena dirección fue atemperada en su volumen para no tapar al concertista. Completó la primera parte la Fantasía sobre Carmen, para violín y orquesta, del compositor alemán Franz Waxman, en la que recrea pentagramas de la célebre ópera de Bizet con estructuras y tratamientos propios que nos hizo recordar la misma fantasía realizada por Sarasate, sin bien con claras diferencias, destacando la buena orquestación y el excelente tratamiento del instrumento solista. Obra de marcado virtuosismo y de entrañables dificultades técnicas, todo ello perfectamente resuelto por Julian Rachlin (en esta obra al violín) que fue cálida y largamente aplaudido, al igual que orquesta y director.

La OSG que aglutinó una plantilla en torno a los 90 músicos inició la segunda parte con las Bachianas brasileiras nº 7, para gran orquesta, de Héctor Villa-Lobos: Obra rítmica y colorista en la que se suceden dulces y sentimentales melodías, contradanzas campesinas, armonías disonantes en claro desafío y una fuga a cuatro voces (chelos, violas, violines segundos y primeros) apoyadas en los contrabajos, formando un esplendido mosaico que concluye con una magnífica coda de toda la orquesta, enardeciendo al público.

El concierto concluyó con la interpretación del popular Capricho español, Op. 34, de Rimsky-Korsakov, basado en melodías y ritmos españoles, sabiamente conjugados en una feliz orquestación, con abundante percusión, cambios de timbres y tonalidades, así como la alternancia de solos importantes: violín, flauta, clarinete, corno inglés, oboe, chelo, arpa, etc. Todo ello conforma una obra brillante, espectacular y llena de encanto cara a la audiencia que, en esta ocasión, aplaudió acaloradamente. Programa infrecuente en nuestra ciudad (con excepción de la obra de Rimsky), en el que imperó la exuberancia del sonido de la nutrida orquesta. Un gran éxito para el numeroso público asistente.