Vivir al lado de la PO-531 es poco menos que un infierno. Cientos de vecinos soportan las molestias de los miles de vehículos que circulan por ella a diario. Cruzar la carretera es un peligro y, a veces, hasta hay riesgo en asomar la nariz por la terraza de la propia casa. En estas condiciones, el proyecto de humanización se planteó como un cambio radical en la situación. Pasos de cebra más seguros, aparcamientos, aceras y servicios urbanos básicos formaban parte del futuro prometido y ya solo quedaba por aclarar el tramo O Vao-Campañó, el cruce de Sabarís y los pasos para vehículos agrícolas.
Pero el proyecto de humanización obliga también a ralentizar el tráfico en una carretera con 20.000 vehículos al día -una de las vías autonómicas con más circulación- que es además parte de la espina dorsal de la provincia, constituida por el eje Vigo-Pontevedra-Vilagarcía. Y, hasta el año 2017 en que se prevé pueda entrar en servicio la A-57 entre Pontevedra y Curro, la única alternativa a este tráfico, que sería más lento con la carretera humanizada, sería dejar sin peaje 10 kilómetros de la AP-9.
Fue la alternativa que propuso el PP antes de las elecciones generales con el apoyo de Agustín Hernández. Si los populares alcanzaran el poder en el 2012, como vaticinan algunas encuestas, se enfrentarían a la exigencia de que cumpliesen sus promesas e hiciesen la AP-9 gratuita entre Pontevedra y Curro, amén de ampliarla en un carril por sentido.
La otra alternativa está muy verde. La A-57 se encuentra aún en fase de estudio informativo. Este estudio llevará dos años y se consumirá otro más en exponerlo y pasar el filtro de Medio Ambiente. La licitación y aprobación del proyecto llevará otros dos y la fase de obras tres más. Todo ello conduce al 2017.