La propuesta trata de establecer «un adecuado equilibrio entre el tejido edificado y el espacio libre disponible en el barrio, incorporando ajustes en cuanto a su calidad y posición relativa que logren continuidades espaciales y el buen desarrollo de las actividades existentes y la generación de otras nuevas e inesperadas», explica Adolfo Agra.
«Se ha evitado emplear esfuerzos en el diseño superficial del espacio público -continúa el arquitecto- , concentrando la intervención en acciones estructurales aplicadas sobre los vacíos disponibles entre plazas y edificios. Se fija la atención sobre una extensa zona libre de difícil comprensión, cuya dura topografía dificulta su continuidad, con geometría resultante de los recortes dejados por viviendas y plazas y que actualmente se encuentra en desuso».
La idea incluye «acciones compensadas de desmonte y terraplén que reducen secciones de vías y suavizan fuertes pendientes. Se plantean aterrazamientos a media ladera que alojan la totalidad de los aparcamientos, agrupados en línea y en sombra. Se libera así a las zonas estanciales, situadas en cotas superiores y con óptimo soleamiento, de la presencia del coche. En la zona intermedia se concentrarán los trabajos de jardinería».
«El desarrollo de la máxima actividad de tráfico peatonal y rodado se traslada a este intermedio, que multiplica las conexiones en las direcciones transversal y longitudinal a la pendiente, y conecta la actividad del barrio con su entorno inmediato».
«Las plazas duras se entienden ahora como una 'secuencia de vacíos' insertados en este espacio intermedio y verde, desarrollados a lo largo de todo el barrio en dirección Este-Oeste. Desprovistas de pendiente, sombra y coches, alojan actividades diversas todavía por determinar, y establecen acuerdos mutuos de forma, tamaño, distancia y posición», concluye.