Desde el observatorio de su agencia inmobiliaria, Tovar hace una radiografía de la crítica situación del mercado de la vivienda y constata una reducción de precios del 20%
17 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Elena Larriba Lleva más de veinte años en el negocio inmobiliario y su receta ante la crisis económica, que afecta de forma más virulenta a este sector, es adaptarse y resistir hasta que el mercado se recupere. Está convencido de que en un horizonte no muy lejano la oferta y la demanda de vivienda se equilibrarán y desaparecerá el fenómeno especulativo.
Javier Tovar es de Segovia, pero ya se siente pontevedrés. «El mío es el modelo habitual. Me asenté aquí porque me casé con una gallega», explica. La familia de su mujer, Rosina Guisasola, se trasladó en los años sesenta a la ciudad castellana porque destinaron al padre, secretario de juzgados. Y allí se conocieron.
Inició su trayectoria empresarial en actividades relacionadas con el sector agropecuario en su tierra natal, donde, además, ejerció como profesor en un instituto politécnico. Pero el negocio inmobiliario no le era ajeno, ni mucho menos. Su padre fue presidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria en Segovia y él sacó también el título, aunque no ejercería esta profesión hasta tiempo después, cuando tomó contacto con Pontevedra. Venía a pasar las temporadas de verano a Portonovo y a través de su familia política conoció las buenas posibilidades que había aquí.
En el sector constatan que la marca Javier Tovar goza hoy de un elevado reconocimiento profesional y de la confianza del público en general. Aunque él es comedido. «Eso lo dejamos a criterio de los clientes que ponen sus propiedades en nuestras manos. Pero bueno, no nos quejamos. Consideramos que sí tenemos una posición de reconocimiento en el mercado y en estos momentos delicados seguimos manteniendo unas relaciones excelentes con los promotores y con todos los que intervienen en este negocio inmobiliario».
Sobre la situación actual añade que «ahora estamos en un momento más bajo, más plano, adaptando la empresa a estas circunstancias adversas para cuando vuelvan tiempos mejores». Tovar asume que son movimientos cíclicos. «Venimos de unos años muy buenos para todos los que han participado en este negocio y en los colaterales, y ahora estamos en un proceso de ajuste, tanto en el contexto general de nuestro mercado nacional como de la economía global».
En esos años de bonanza y bum de la construcción las agencias inmobiliarias nacieron como hongos en todas las ciudades y también en Pontevedra. Pero igual que abrieron, cerraron. «En los anuncios de prensa, donde antes eramos veintidós o veintitrés anunciantes, ahora somos cuatro o cinco. Y son muchos los que han cerrado al no poder superar la situación adversa».
Javier Tovar reflexiona que esta era una profesión regulada por un ente colegial y, en cierto modo, quedó desamparada cuando se establecieron las medidas de liberación del mercado en la etapa de la vicepresidencia económica de Rodrigo Rato. «Entonces se dio la posibilidad de abrir una agencia a cualquiera que pagara una licencia fiscal y se diera de alta en un epígrafe en Hacienda, sin necesidad de título, sin conocimientos previos y sin responsabilidades. Bastaba con una agenda, un teléfono y un sitio donde recibir». En todo caso, cree que la crisis traerá consigo una autorregulación de esta actividad, como en otros colectivos que han pasado por lo mismo.
Panorama
Una agencia inmobiliaria es un observatorio ideal para hacer una radiografía de la situación del mercado de la vivienda en esta ciudad. Tovar cree que Pontevedra tiene unas connotaciones específicas al ser una ciudad más estable en sus crecimientos. «Y cuando las subidas no son tan espectaculares, las bajadas tampoco son tan desastrosas», señala.
No obstante, confirma que las operaciones de compra-venta han caído a cifras muy bajas. «Nosotros calculamos que esa caída es superior al 50%».
«Los bancos no financian y son muy pocos los que pueden afrontar operaciones de envergadura con recursos propios; el 80% tienen que recurrir a créditos, que se han recortado muchísimo y con unas mayores exigencias de garantía. Eso, unido a una situación de desempleo generalizado en una economía en caída libre, hace que la demanda se haya reducido al mínimo», resume la situación.
Javier Tovar constata que «hay promotores que llevan más de un año sin vender un piso» y el precio de las viviendas nuevas en esta ciudad ha bajado entre un 15% y un 20%. Más o menos la misma reducción que en el mercado de segunda mano. Aún así el stock sigue siendo alto, aunque con una tendencia a la baja. «Cada vez tendremos menos viviendas que ofrecer, porque alguna se va vendiendo, y no se hace obra nueva», apunta.
Según sus cálculos, el precio del metro cuadrado útil en Pontevedra se sitúa en estos momentos en una horquilla entre los 1.200 euros y los 3.200 ó 3.500 euros, como media. «Pero es que hace dos años había proyectos que arrancaban en torno a los 4.000 y 5.000 euros, y algunas de esas obras no se llegaron a empezar».
Como alternativa a la compra, el alquiler de pisos se ha recuperado. «Se está moviendo con más dinamismo y afortunadamente no ha habido un repunte de los precios al alza. Lo que pasa es que el propietario exige más garantías para cobrar puntualmente su renta», puntualiza.