Los numerosos aficionados pontevedreses a la zarzuela estaban deseosos de presenciar una decorosa representación de nuestro género lírico. La última fue en el año 2002. Sabemos que un buen montaje de zarzuela resulta caro, dado que para hacerlo con dignidad se necesita un buen elenco de cantantes-actores, una orquesta de calidad con su director, un buen coro y cuerpo de baile, vestuario, decorados, luces, etc.
De ahí que las compañías prefieren montar una ópera, pero no debemos olvidar que la zarzuela es nuestro teatro lírico por excelencia. Por ello, en España tenemos la obligación de programar más zarzuela; como en Alemania se programa el singspiel, en Austria la opereta vienesa, en Francia la opéra comique y en Inglaterra el musical play, géneros similares a nuestra zarzuela.
Fomentar el género
Organismos culturales, amén de entidades y agrupaciones musicales, deberían prestarle más atención al fomento de esté género musical si no queremos perder la savia de nuestras raíces. Los ecologistas de la música tienen que pensar que la zarzuela es un género que va en vías de extinción, está siendo una rara especie en peligro que hay que preservar, puesto que es una gran riqueza cultural.
Generalmente, el público quiere lo que conoce y si no se programa más asiduamente este tipo de teatro musical, las nuevas generaciones lo desconocerán y lo desconocido está muerto. Por todo ello, es de agradecer el acierto que ha tenido Caixanova al programar en su Centro Social de Pontevedra La verbena de la Paloma, así como una Antología lírica.
La verbena de la Paloma es un sainete en un acto, dividido en tres cuadros, perteneciente al género chico de la zarzuela. Compuesta por el salmantino Tomás Bretón en el increíble tiempo de 19 días sobre un libreto de Ricardo de la Vega, fue estrenada el 17 de febrero de 1894 en la catedral del género chico: el Teatro Apolo de Madrid.
Falsas expectativas
La Compañía Clásica de Zarzuela fue la encargada de su puesta en escena en nuestra ciudad y, a fuer de ser sinceros, hemos de reconocer que su actuación no respondió a las expectativas despertadas, pese a sus buenos deseos. Faltó chispa, gracejo y conexión con el público. A la modesta orquesta formada por unos 25 músicos, dirigida por Félix San Mateo, le faltó cuerpo. Su piedra de toque, el Preludio, fue interpretado de forma lenta y pesante.
Intérpretes
Jesús Cordón, como el boticario Don Hilarión, justo de recursos como actor y cantor, si bien cumplió su cometido. Jesús Lumbreras, en el rol de Julián (el protagonista y cajista de imprenta), de buena presencia, con voz potente pero un tanto engolada, que -por momentos- se le iba hacia atrás, sobre todo al principio, luego mejoró. Mª José Molina y Gleisy Lovillo, como las hermanas Susana y Casta, cumplieron. Bastante bien Rosa Ruiz, en el papel de la Señá Rita (tabernera y madrina de Julián). Amparo Madrigal, como la Tía Antonia, floja; su voz carente de gravedad, le hizo perder crédito. Bien los intérpretes del tabernero y el sereno gallego; graciosos los dos guardias con su aburrimiento y sus vueltas a la manzana. Ruth de Terán en su breve papel de cantaora, notable. En resumen: Una excelente obra servida por modestos intérpretes.
Mejoría
La segunda parte, con una Antología Lírica, mejoró mucho el espectáculo. Conducida y presentada por Jesús Cordón, estuvo conformada por los números: Chotis del Eliseo (La Gran Vía), cantada por Gleisy Lovillo, con coro y diez parejas de baile; Romanza de Germán (La del Soto del Parral), cantada por el barítono Lumbreras; La Romanza de Rosa (Los claveles), interpretada por Mª José Molina; Pasacalle de los nardos (Las Leandras), con Rosa Ruiz como solista, coro y cuerpo de baile; Dúo de Mari-Pepa y Felipe (La Revoltosa), con Ruth de Terán y J. Lumbreras; finalizando con el Pasacalle de las mantillas (El último romántico), a cargo de María José Molina como solista, coros femenino y masculino y coreografía.
Pese a lo modesto del espectáculo y pensando en un mayor nivel de calidad, nos permitimos sugerir la celebración, al menos, de un mini-ciclo dentro de la programación habitual. ¡Vale la pena! El público lo demanda. ¡Larga vida a la zarzuela!