Rueda que te rueda por la ciudad

Eva Garea

PONTEVEDRA

A pesar de las buenas condiciones que Pontevedra presenta para la circulación en bicicleta, los ciclistas deben sortear a viandantes y coches en el centro de la urbe

28 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Coidado neniña, non me vaias a levar por diante», aclamaba una señora al detectar nuestra presencia al pasar por su lado en la calle Cobián Roffignac. Y es que para muchos transeúntes el uso de la bicicleta por la ciudad resulta incómodo e inseguro. Se alertan tan pronto divisan a los ciclistas. Según el director xeral de Deportes, Jaime Agulló, el problema reside en que «no hay hábito por parte de los viandantes y conductores». Los peatones aún no se han acostumbrado a compartir espacio con los ciclistas y los conductores se ponen nerviosos al detectar que una bicicleta circula cerca de su coche.

A punto de cumplirse nueve meses de la implantación del servicio municipal «PillaBici», hemos decidido salir a la calle para comprobar la viabilidad de utilizar la bicicleta como medio de transporte en la ciudad, sin olvidarnos de su empleo como vehículo de ocio.

Partimos de la base de préstamo situada en la calle de Gutiérrez Mellado y emprendemos nuestro camino hacia el centro de la urbe. Avanzamos por Michelena esquivando a los peatones hasta llegar a Benito Corbal. La gran concentración de gente y tránsito de coches por esa zona nos llevó a bajarnos del velocípedo y continuar nuestro trayecto llevándola por la mano, para así evitar cualquier tipo de incidente. De hecho, una de las normas de circulación para los ciclistas recomienda bajarse de la bicicleta donde haya aglomeraciones y no sea posible conservar un metro de distancia con los transeúntes.

Al llegar a la zona del hospital, en la calle Loureiro Crespo, descubrimos un carril bici. A pesar de ser una zona habilitada exclusivamente para velocípedos, eran numerosas las personas que utilizaban esta vía para caminar, perturbando la tranquilidad de los ciclistas.

Los semáforos y pasos de peatones también supusieron un obstáculo en nuestro recorrido. No todos los coches respetaban nuestra prioridad a la hora de cruzar la calle ni los límites de velocidad establecidos en zona urbana. Sin duda, pocos conductores respetaban nuestros derechos como ciclistas.

Ante las dificultades de circular en bici por el centro de la ciudad, decidimos cambiar de dirección. Nuestro próximo destino sería el centro histórico. Y para nuestra sorpresa el paseo por sus callejuelas resultó ser de lo más placentero, sin coches ni demasiados viandantes que trastornasen nuestro camino. En la plaza del Teucro y sus alrededores la conducción en bicicleta fue relajada, sin obstáculos que sortear.

Continuamos bajando hasta la avenida de Buenos Aires, bordeando el río Lérez. Allí nos encontramos con Ángel Gónzalez, un joven ciclista que destacó que Pontevedra «es una ciudad que se presta mucho a la circulación en bicicleta». Y es que a pesar de los incovenientes que pueda presentar, los cuales provienen mayoritariamente de la mala educación viaria de peatones y conductores, Pontevedra reúne las condiciones óptimas para facilitar el desplazamiento en este tipo de vehículo. Es una ciudad prácticamente plana, pequeña y con zonas habilitadas para el tránsito rodado. Además, el Concello está llevando a cabo el fomento del transporte en bicicleta. Para ello, entre otras actuaciones, ha habilitado numerosos puestos de estacionamiento específicos para los velocípedos.

El «Pillabici» ha tenido una gran acogida durante los ocho primeros meses de vida. Javier, usuario habitual de este servico, indicó que el único problema que presenta es «el deterioro de los vehículos». Asiduamente utiliza esta prestación para moverse desde la estación de tren hasta el centro de la urbe. «Es una gran iniciativa que nos evita a muchos largas caminatas o el tener que pagar un taxi para desplazarnos», añadió Javier.

A día de hoy el «Pillabici» registró un total de 15.088 usos y 4.059 usuarios, lo que supone cerca de 2.000 usos mensuales desde que se inició el servicio en el mes de enero.

Dejamos atrás a Javier y a Ángel y continuamos con nuestro trayecto. Una vez bordeado el Lérez determinamos regresar a nuestro punto de salida, Mellado, por su cercanía. Después de pasar algunas dificultades subiendo la cuesta de Roffignac, llegamos a nuestro destino y abandonamos las dos ruedas.