El presidente del PP destaca que el Museo Provincial «nada tiene que envidiar a los mejores de España» y Louzán apunta que será «a Cidade da Cultura» de Galicia
12 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Solo hubo una previsión que ayer no cumplió Mariano Rajoy. El presidente nacional de los populares había anunciado una visita a la exposición de los Novos Valores gallegos, ubicada en la misma planta que la dedicada a la Guerra de la Independencia, que tanto le inspiró ayer en su propia contienda con el PSOE. Finalmente, el tiempo se echó encima, pero con quienes sí se pudo parar fue con los novísimos creadores que estos días de agosto participan en el taller de pintura que organiza el Museo pontevedrés. «¡Hey!, que viene Rajoy», anunció ya a voces cuando le vio desde la sala Irene, que con solo ocho años mostró sobrado desparpajo frente al político. «¿Vas a ser artista?», le preguntó Rajoy. «Sí», contestó la pequeña enseñándole su obra, una reproducción de un cuadro de Castelao.
El popular también saludó y besó a otros participantes, que demostraron sobradamente su conocimiento del líder de la oposición, y a las profesoras del taller, situado en una de las salas que en un futuro albergarán la colección permanente del Museo, en concreto los fondos de pintura y escultura gallegas del siglo XIX y XX.
Visita
Antes de pasar por esta estancia, Rajoy -que precisamente dio el primer impulso al nuevo edificio del Museo cuando era ministro, como se encargó de recordar ayer el presidente de la Diputación, Rafael Louzán- realizó un minucioso recorrido por la muestra Cidades en Guerra. Pontevedra na Guerra da Independencia. Y, al margen de la frase sobre la Inquisición que le dio el toque que buscaba a su arenga contra los socialistas, también se paró en muchos otros rincones, como por ejemplo ante dos piezas de Sargadelos. La primera, una placa conmemorativa de recuerdo de Monteleón, y la segunda, una botella con la figura de Napoleón. Además, le gustó un fusil que se exhibe también en la muestra, perteneciente a algún oficial de la fragata Magdalena, o el sable y el bicornio del general Jourdan. El único lapsus, de nuevo con el idioma, porque luego se refirió a la batalla de «Puente Sampayo».
Y de la exposición a las catacumbas del edificio Sarmiento, que también le impresionaron. Así que no es de extrañar que en cuanto salió al exterior comentase que la sede «nada tiene que envidiar a los grandes museos» y que «todo el mundo tiene que venir a verlo». También se refirió al hecho de que en la mayoría de los museos hay problemas de espacio, mientras que en este pasa todo lo contrario.
Ya de nuevo en la entrada del sexto edificio, Rajoy recordó los tiempos en que él fue presidente del patronato del Museo, cuando estaba al frente de la Diputación Provincial en 1983, «y ya llovió mucho desde aquel momento». «Volver al Museo Provincial es para mí una enorme satisfacción -subrayó el popular-. Aprendí mucho cuando era presidente del patronato del entonces director, Filgueira Valverde, una de las personas más importantes de la cultura y otras facetas de la vida que hubo en Galicia. Y después, como ministro, tuve la oportunidad de seguir colaborando para que el Museo fuera cada vez más lo que ya es, el mejor Museo provincial de España y uno de los mejores museos de nuestro país. El Museo Provincial es hoy una realidad en España y en Europa y creo que su futuro es esperanzador y halagüeño. Y espero que todos lo veamos muy pronto».
Que el nuevo edificio es un proyecto ambicioso lo corroboró con su última frase Rafael Louzán: «Ojalá podamos seguir teniendo la colaboración del ministerio para rematar este espectacular edificio, que reúne las condiciones para ser precisamente a Cidade da Cultura en Galicia, con el permiso de Compostela».